Payeras el temeroso

Confieso que la osadía de salir a la luz pública a defender los propios puntos de vista tiene pocas consecuencias gratas, pero hay una que cada vez me divierte más. Escandalizar a los mojigatos, a los puritanos de los dogmas ideológicos del pensamiento político subvencionado y promovido oficialmente, tiene algo de subversivo, pues el escándalo del meapilas de turno sobredimensiona el asunto hasta darle más trascendencia de la que tiene.

Una semana después de que se publicaran los resultados del sondeo realizado por el Instituto Balear de Estudios Sociales –que darían representación a UPyD en el Ayuntamiento de Palma si se celebraran ahora elecciones-  Miquel Payeras nos dedica un artículo titulado “La suma PP-UPyD” en el que lamenta que “el PP perdería la mayoría absoluta, pero la demagogia populista le podría apoyar y así gobernar juntos”.

Para empezar, sorprende que a estas alturas el Sr. Payeras no se haya enterado de que UPyD no se rige por las mismas reglas que el resto de minorías que alguna vez hayan tenido representación institucional en Baleares. Está tan acostumbrado a la conducta habitual, que da por supuesto que entregaríamos fácilmente nuestro apoyo, tal vez porque hasta ahora todos se conformaron con poltronas y partes suculentas que administrar de los presupuestos. Sin embargo, tiene un ejemplo –tal vez lo ignore deliberadamente- con lo ocurrido en Asturias. Nacho Prendes, el único diputado autonómico de UPyD,  publicó un documento de 23 folios con propuestas programáticas que discutir con los partidos mayoritarios, de forma que quien reclamara su voto para poder gobernar, se comprometiera a aplicarlas. Así que concedió su apoyo al único partido que se interesó en discutirlas y se comprometió en asumirlas –en este caso, el PSOE-, y sin contrapartida alguna, es decir, sin formar parte del gobierno, y pudiendo retirar su decisivo voto si no se respeta lo firmado. Siendo así las cosas, es pertinente cuestionar las facilonas especulaciones sobre el futuro que tan a la ligera hace el Sr.Payeras, en caso de repetirse una situación parecida en Baleares.

Pero no nos engañemos. Lo que verdaderamente le preocupa es la “demagogia antinacionalista”de la que nos acusa. Por lo visto, no se pueden plantear argumentos críticos con una ideología, sin ser acusado de demagogo por quienes la han asumido. Aun tratándose de un intelectual orgánico pagado y promocionado por los medios abiertamente declarados como nacionalistas, sería de esperar algo más que una descalificación sin más contra quienes están demostrando que el origen de los problemas actuales está en la sobredimensión descomunal de unas instituciones autonómicas que se han valido del victimismo nacionalista para engordar parasitariamente a costa de los ciudadanos. Reformar el caos institucional para devolver a la administración a un equilibrio y tamaño eficaces no es pues demagógico, sino señalar las raíces del problema que muchos se niegan a reconocer interesadamente. Claro que siempre ha sido más fácil recurrir al espantajo del enemigo externo o a la falacia de las balanzas fiscales, que reconocer la incompetencia propia. Y esto último es característico del nacionalismo de todos los partidos. De ahí que deje irónicamente a “la imaginación más gótica” de los lectores lo que podría acarrear la entrada de UPyD en las instituciones. Lo dice como si nada hubiera en el panorama actual que  dé señales de haber llegado al límite del agotamiento. A no ser que lo propio de los godos sea cambiar lo que ha dado unos resultados funestos por haberse hecho rematadamente mal. En ese caso, habría que agudizar el oído y la vista, no sea cosa que los que se las dan de modernos resulten ser unos verdaderos cavernícolas que no ven más allá de las fronteras de la tribu.

No hay batacazo económico sin lección política

Una vez consumado el enésimo batacazo institucional y económico –no tiene otro nombre que después de haber gastado 70 millones de euros no se puedan acabar las obras del Palacio de Congresos, ni haya empresarios interesados en su explotación- se han publicado muchos artículos de opinión sobre el asunto. Lógicamente, no es fácil asimilar que un supuesto revulsivo de la economía y la estacionalización turística, se haya convertido en todo lo contrario, en un tremendo lastre a costa del contribuyente.

 

    Camilo Cela Conde invitaba a acabar cuanto antes con una sangría inútil mediante el derribo. Javier Mato ha afirmado que es momento de ser piadosos, de mirar hacia delante, y lamenta la falta de liderazgo y vitalidad empresarial de la sociedad balear que nos impide tener un palacio de congresos como otras ciudades. Por su parte, Gaspar Sabater sigue defendiendo el proyecto, mantiene que es una importante inversión de futuro, señala los obstáculos que complicaron las cosas, y reprocha a los agoreros que digan ahora que predijeron el descalabro.

 

Puedo entender que no sea momento para sacar pecho, recordando que sí ha habido quienes anticiparon lo que podía ocurrir y recomendaron parar las obras a tiempo. Aun siendo una ley del rifirrafe político sacar partido de los errores ajenos, tal vez no sea lo más elegante ensañarse con la voluntariosa torpeza de políticos generalmente bienintencionados. Pero discrepo en cerrar en falso un episodio importante sin extraer aprendizaje alguno de los errores cometidos, porque ninguno de los planteamientos anteriores contribuye a  recuperar la credibilidad perdida de unas instituciones que la opinión pública considera como su peor enemigo. Máxime cuando, si somos incisivos –no renunciemos a la reflexión- y aplicamos un qui prodest a las opiniones publicadas, se diluye tanto la responsabilidad, que no se sienta base alguna para evitar que cosas así sean lo habitual.

 

Cuando fui candidato por UPyD al ayuntamiento de Palma en las últimas elecciones municipales, fui invitado a un foro en el que los asistentes preguntaban abiertamente al candidato sobre cualquier punto de su programa. Un conocido empresario turístico que afirmó que sólo le interesaba la promoción turística,  se interesó por nuestro programa al respecto, y entre otros puntos, manifesté nuestra oposición a proseguir la construcción del palacio de congresos con fondos públicos, sin financiación del sector privado. No era lo que quería oír. No sólo no compartió mi planteamiento, sino que aseguraba la conveniencia, la necesidad y la rentabilidad de un edificio de esas características. Veamos, si por mí fuera, podría haber un palacio de congresos, otro de la ópera y un zoológico, en cada pueblo de Mallorca, con la condición de que fueran rentables por ser masivamente visitados por un público dispuesto a afrontar los costes del espectáculo. Pero las cosas no son así. Los responsables políticos no pueden ignorar los riesgos de proyectos teóricamente fantásticos cuando –como es el caso- el mismo sector turístico que tanto pedía la instalación, no daba pasos en firme para sufragarla, hasta el punto de abandonarla (Barceló) o ni siquiera haber concursado por su explotación. Y deben ejercer un contrapeso racional a los cantos de sirena de quienes exigen inversiones que no están dispuestos a hacer motu proprio, así como tener en cuenta las voces de quienes conociendo el mercado, afirmaban desde el principio que no era suficientemente voluminoso como para que un gran palacio de congresos fuera rentable. De lo contrario, la cacareada estabilidad presupuestaria que actualmente tantos desvelos ocasiona, y que debe empezar por los ayuntamientos, no sólo será imposible, sino que las obras públicas seguirán siendo consideradas por la opinión pública como focos de corrupción, o como parte importante de la ruina que propician políticos con ínfulas de ser grandes empresarios.

 

Ruinosa fachada de Palma

Que los humanos seamos un animal simbólico que necesita recrear la realidad con la fantasía es un hecho. Que inventemos marcos conceptuales imaginarios es parte de nuestra condición. Ahora bien, cuando está en juego el dinero de los contribuyentes en época de crisis, conviene deslindar cuanto antes entre quimera y realidad.

Apenas un día después de que Sebastián SansóTeniente de Alcalde de Instraestructuras de Palma- anunciara el prometedor futuro del Palacio de Congresos, con una cifra de 40.000 congresistas en lista de espera por 10 peticiones de reserva, lo que demostraría el acierto y la rentabilidad de la inversión, el único interesado en hacerse con la gestión del edifico, decide no cumplir con el pliego de condiciones, y abandona el proyecto. No sólo un supuesto portento económico ha perdido al único licitador que parecía interesado, sino que el empeño y el optimismo de Aina Calvo primero, Mateo Isern después, y de todos los partidos que han tenido representación en el ayuntamiento de Palma, se ha diluido en la nada, y se queda en  otro monumental fracaso institucional y económico.

Ante tal brusco despertar, se paralizan las obras de una infraestructura de 120 millones de euros, que generaba una deuda imponente a razón de 4 millones de euros mensuales, y se propone al menos acabar la fachada para no tener un edifico fantasma (costará 3 millones más).  Al final, hemos sufragado un mero decorado. Hubiera sido más barato pintarlo en cartón- piedra. Las declaraciones de autoridades del PP, PSOE y nacionalistas son por primera vez razonables –sólo faltaría que celebraran la castaña que endosan a los palmesanos-  pero han tardado dos años en descubrir lo que UPyD dijo desde un principio, cuando era evidente que el desinterés de la iniciativa privada recomendaba paralizar el proyecto. Añadamos al panorama que este carísimo adorno no está solo: le acompaña a 200 metros el Edificio de Gesa, cuya interesada catalogación como Bien de Interés Cultural por quien ya ha sido sentenciada,  parece ahora incluso menos costosa que su desprotección.

¿Se puede extraer alguna lección de tanto despropósito? Sin duda. Los ciudadanos harán bien en resguardarse de políticos henchidos de intervencionismo faraónico, del cuño que sea. Repasen si no el bagaje financiero que nos han dejado en los últimos años  infraestructuras de todo tipo (movilidad, deportivo, cultural, de transporte, de recogida de basuras, etc.) que iban supuestamente a dinamizar la sociedad o la economía de las islas. Apenas han servido para poco más que generar unas deudas que pesarán como losas durante no se sabe cuánto tiempo.

El cándido sueño de Aina Calvo

Calamitoso pero previsible. Aun tratándose de  un asunto menor, es muy ilustrativo. Menos de año y medio después de su puesta en funcionamiento, Bicipalma, la iniciativa de la exalcaldesa Aina Calvo -presentada como una conquista en pos de la humanización de la ciudad- se ha diluido casi hasta la nada. Hace tiempo que uno observa los anclajes especiales para las bicis públicas casi vacíos. Ahora sabemos por qué. Los datos recientemente publicados no hacen sino confirmar la impresión de que Bicipalma ha sido una iniciativa tan bienintencionada como fracasada.

     De 400 bicicletas nuevas, más de 100 fueron robadas en los tres primeros meses. Las restantes suman desde entonces más de 15.000 reparaciones a causa de actos vandálicos, y el número de bicis operativas actualmente es bajísimo. El actual gobierno municipal pondrá fin a la gratuidad total del servicio, estableciendo un control informático, unas tarifas moderadas a partir de la media hora de uso, y multando con 150€ a quien no devuelva la bici. A pesar de estas medidas, se calcula que el mantenimiento del servicio seguirá costando 315.000 € anuales.

El todo gratis no funciona. Se alegará una mil y una veces que nos falta civismo para respetar unos bienes públicos que cuestan dinero a todos, pero mientras estamos a la espera del “hombre nuevo”, conviene evitar el suma y sigue de pérdida tras pérdida. La realidad no es platónica, y es sabido que las cosas no son como los optimistas antropológicos postulan. La distinción entre propiedad pública y privada es una característica de las sociedades extensas, un fenómeno muy estudiado que no se da en las sociedades tribales. De ahí la aparición del free-rider –nunca mejor dicho- que se aprovecha  del disfrute de los bienes públicos, con la misma fruición con que elude su cuidado y sus costes. En el fondo, aprovecharse de lo que los demás nos brindan  es profundamente humano. La gratuidad absoluta y la no exclusividad en el uso de los servicios, deja la vía libre a esta actitud, claramente destructiva. De ahí que a corto plazo incluso, la sostenibilidad y mantenimiento de los servicios públicos se aseguran cuando se paga alguna cuota o tarifa por su uso. De lo contrario, el free-rider se beneficia de la gratuidad total y exprime la oportunidad hasta dar al traste con ella. Distinto hubiera sido habilitar los carriles-bici y un sistema de aparcamiento adaptable a todo tipo de bicicletas particulares, de forma que se facilitara la infraestructura con dinero público, pero no el coste del vehículo. Pero es tarde: el sistema de anclaje actual es exclusivo para las bicis públicas, con lo que desechar del todo, en tan poco tiempo, y gastando todavía más, una instalación que está nueva, implicaría más costes.

Ignoro si los hechos han hecho despertar a Aina Calvo de su cándido sueñ0, pero confirman el precio que tiene el socialismo ingenuo.

La cocina de los peritajes

La realidad es compleja. La verdad es escurridiza. Distinguir entre la apariencia y el conocimiento ha sido, y sigue siendo, el arranque de toda ciencia y filosofía. La confianza en nuestras intuiciones ha sido una constante, que nos ha llevado a cometer carísimos errores. La actualidad judicial de Baleares aporta ejemplos de la incertidumbre en que nos encontramos, aun pertrechándose de peritos en materias en las que sólo el criterio de un especialista puede dar luz donde no la hay.

No pretendo descalificar a profesionales cuyas disciplinas desconozco. Pero sí manifestar que algo resulta sospechoso cuando dos peritos discrepan sobre el diagnóstico psicológico de un presunto delincuente, que ha desviado grandes cantidades de dinero público. Un  psiquiatra mantiene que el imputado en el caso Bitel sufría un trastorno bipolar, que afectaba a su voluntad, y que remitió gracias a la medicación recetada. Otro psiquiatra describe la conducta del mismo sujeto en términos que cuadran más bien con un trastorno de la personalidad, es decir, una patología diferente. Puede que uno de los dos esté en lo cierto, naturalmente. Puede también que el acusado recurra a los consejos de su abogado en busca de atenuantes por enajenación mental, de forma que ambos peritos podrían estar equivocados… No es tan difícil alegar a conveniencia síntomas que figuran en todos los manuales de psicología. Como es lógico, se supone que un buen perito debe discernir entre los reales y fingidos, pero la verdad es que hay discrepancias. Uno de los psiquiatras anteriores, reconoció una grave patología mental –y de origen orgánico- en el principal imputado por ejercer de testaferro en el caso Son Oms. Más tarde, alegó su perfecto estado para responsabilizarse de sus bienes cuando en pleno proceso de divorcio, su mujer afirmaba que era incapaz de gestionar su fortuna. Insisto en que no tengo los datos al completo como para desautorizar profesionalmente a nadie. Pero es natural sospechar que a la inevitable dosis de subjetividad que toda tesis contiene, se suma la deformación intencionada de la realidad cuando interfieren intereses concretos.

El ciudadano, observador pasivo del espectáculo de la vida pública, puede entrever que es fácil cocinar a conveniencia los peritajes más empingorotados. Los relativos al edificio de Gesa, siguen dando ejemplos. Hay quien afirma –entre otras virtudes- que sirve de marco monumental a la Catedral para los coches que entran en Palma por la autopista del aeropuerto… Tal cual. No en vano se suma en este caso el factor político, que los principales partidos entienden como defensa a ultranza de sus hijos, aunque un juez los desautorice, como es el caso, y arrojen resultados dudosos y costosísimos. Pues la reforma de un edificio público degradado que nadie valora por motivos estéticos, más las previsibles compensaciones al dueño del solar, son una realidad objetiva y tal vez más disuasoria que maravillosos planes urbanísticos en época de vacas flacas.

Uno, ante la duda, opta por desconfiar de las convicciones profundas y arraigadas sin asidero consistente. Y a pesar de que Nietzsche demostró que tras la racionalidad aparentemente límpida también subyacen pulsiones inconscientes e inconfensables, espera que la integridad profesional de quienes toman decisiones,  se imponga a las numerosas presiones que reciban.

Derribo por desinfección

60 años después de la muerte de Nerón, Adriano decidió condenar y enterrar las dependencias que quedaban de la Domus Aurea, el inmenso y fastuoso palacio con el que Nerón quiso pasar a la historia. El edificio simbolizaba los efectos que producen los tiranos perturbados por sus ambiciones y sus ínfulas de urbanista excelso. Tras arruinar las arcas del estado para financiarla, Nerón había extorsionado a las fortunas del imperio para continuar las obras, obligando a los pater familias a suicidarse -dejándole parte importante de la herencia- si querían que respetara posteriormente a sus familias.

El ahora plausible derribo del efidicio de Gesa no tendría tanta relevancia arquitectónica, ni estética, como de pura higiene institucional.  La historia de las obras públicas en España –especialmente en Baleares- es un compendio sobre las oscuras maniobras que explican el afán intervencionista de los políticos a la hora de morder el pastel de la contratación. En este caso, instituciones como el Consell de Mallorca bajaron todavía un peldaño más en la miseria moral en la que se sumieron. Porque nadie ignora que la catalogación como Bien de Interés Cultural del edifico de Gesa, no respondía a una pulsión neroniana de arquitecto atolondrado, tampoco a la previsible especulación económica posterior para rentabilizar su desprotección, sino a una vulgar y mafiosa instrumentalización de las instituciones y del urbanismo de Palma. Era una venganza contra los intereses del propietario del solar, por haber osado denunciar la monumental componenda del caso Ca’n Domenge, uno de los ejemplos emblemáticos de la corrupción sistemática de todo lo que tocaba la mesnada de Unió Mallorquina.  El partido de Maria Antònia Munar se valía de su influencia para maniobrar contra todo aquél que no se sometiera a sus burdos intereses, lo que se consideraba muy negativamente como “ir por libre”. El derribo no sería pues cuestión de gustos, mucho menos de endebles valores arquitectónicos, sino de corregir lo que nunca debiera haber ocurrido.

Con esos antecedentes, el empeño de la izquierda y los nacionalistas en dejar las cosas como están -en nombre de lo que suceda a posteriori con el solar- no debería soslayar las consecuencias legales de un asunto que podría tener un serio coste para unas arcas públicas agotadas: los contribuyentes palmesanos tendrían que pagar al propietario del solar unas indemnizaciones millonarias que, más todavía en esta época, tendrían un elevado coste social. Eso, por no hablar de la selectiva sensibilidad urbanística de quien se rasga las vestiduras por los nombres de las calles, la placa de una escultura, o el escudo de un monumento, al mismo tiempo que tolera -a menos de 200 metros del edifico de Gesa- el ruinoso Palacio de Congresos que impulsó. Es tarde para cambiar la historia, pero se está a tiempo de vencer a la corrupción del presente. Tal vez el apoyo de sus votos en el desaguisado sea demasiado reciente como para encubrir ante la opinión pública, una vez más, que la falta de higiene no hubiera sido posible sin el habitual sostén de PSOE o PP, a conveniencia según de dónde soplara el viento.

La mentalitat de l’escriptor mediocre

A l’escriptor mediocre li interessa servir-se de la literatura molt més que la literatura mateixa. Practica una mena de fonamentalisme literari-lingüístic que li asseguri en exclusiva el dret a participar en concursos. Vol eliminar la competència dels altres escriptors, vol quedar-se tot sol, però no ho fa millorant la qualitat de les seves obres, sinó argumentant en clau nacionalista per què s’han de tancar les portes a altres escriptors.

L’escriptor mediocre pressiona als polítics a la recerca de  privilegis. Per això, estableix diferències qualitatives basant-se en la importància de l’eina que es faci servir. Ha confós els mitjans amb els fins, motiu pel qual rebutja el bilingüisme als concursos literaris i també a la societat. Només vol reconeixement per la literatura en una determinada llengo, la que ell tria, i vol imposar tirànicament al món literari, naturalment.

El “hipercatastrazo” del PP

Antes de las elecciones de mayo, UPyD calificó el Plan de Saneamiento de la exalcaldesa Aina Calvo de catastrazo. Se contemplaba reducir el resultado de su gestión, que había ocasionado un déficit en el ayuntamiento de Palma de 180 millones de euros, con una subida del 47% del IBI a lo largo de la presente legislatura (dividida en una subida anual de un 11,75%). Se retrasaba para después de las elecciones la aplicación de una medida que hubiera sido a todas luces impopular.

Mateo Isern logró la mayoría absoluta con la propuesta de no subir los impuestos. Subió el IBI un 6% a las viviendas y un 12% a bancos y grandes empresas. El último Decreto de Rajoy  añade además, entre otras cosas, una subida del 10% del Impuesto de Bienes Inmuebles. Así que los palmesanos pagarán al menos un 16% más de IBI en 2012, y hasta un 22% las grandes superficies comerciales y bancos. Todo apunta a que esto se repetirá cada año. El cambio del PSOE por el PP, se ha traducido pues en que el catastrazo alcanza cotas de hipercatastrazo; ¿del saneamiento al saqueamiento?

Sí, ya sabemos que se trata de medidas extraordinarias para paliar la calamitosa gestión de la crisis por parte del gobierno socialista. Sin embargo, las comunidades y ayuntamientos gobernados por el PP, no arrojan un balance mejor (el ayuntamiento de Madrid y la Comunidad Valenciana son ejemplos rotundos). Pero precisamente porque la situación exige medidas drásticas, los ciudadanos pueden preguntarse por qué se toman siempre en la misma dirección, y siempre a su costa, al margen de quién gobierne. Puestos a incumplir a las primeras de cambio el programa electoral, el flamante equipo de Rajoy podría incumplir el suyo por otras vías: por ejemplo, racionalizar el prolífico y desmesurado entramado de la Administración Pública, tanto a nivel nacional, como autonómico y municipal. La eliminación de las Diputaciones y Consells, la fusión de ayuntamientos de menos de 5.000 habitantes,  la recuperación de la economía de escala en la sanidad, o la eliminación drástica de empresas y consorcios públicos ineficientes, son sólo algunas de las medidas que UPyD proponía en su programa electoral, y que bien podrían considerarse también como medidas extraordinarias ante la situación de emergencia.

Quienes han criticado el disimulo de Rajoy al silenciar qué medidas tomaría antes de ser Presidente, ya han descubierto el secreto de tanta discreción: no es liberal sino tan intervencionista como Rodríguez Zapatero y los nacionalistas. Tal vez el parecido en la forma de gobernar de PP y PSOE explique el circo mediático que los voceros de la identidad y la oposición le han montado a Isern, por osar reconocer la condición bilingüe de Palma en parte de su discurso en la Festa de l’Estendard. ¿Qué otro motivo hay para criticarle, si su partido acentúa las mismas medidas que ellos hubieran tomado? Y es que ya se sabe, no hay nada más eficaz que agitar los sentimientos del ciudadano incauto, mientras le vaciamos los bolsillos entre todos.

Políticos en los cementerios

El alcalde, Mateo Isern, y la exalcaldesa, Aina Calvo, visitaron tres cementerios el día de Todos los Santos. Les acompañó una comitiva de doce concejales. La tercera fuerza política del ayuntamiento de Palma,  se sumó a un acto concreto en recuerdo de las víctimas de uno de los dos bandos en la Guerra Civil. Hubo banderas anticonstitucionales.  Hace décadas que se lleva a cabo esta escenificación, pero cada año se incrementa la presencia de autoridades. El alcalde celebra lo barato de la iniciativa por desplazarse en un autobús público -habilitado a propósito- en lugar de en coche oficial, y afirma que para los jóvenes es ejemplar ver a las autoridades en los cementerios. Ignoro la diferencia entre el coste de un vehículo u otro. Pero tiene razón, en conjunto todo resulta barato… pero que muy barato.

No se dieron consignas partidistas, de forma que en sentido estricto no se puede decir que se politice a los muertos –a este paso, todo llegará-, pero por la otra, me parece que la presencia institucional tiene algo de impúdico, de populismo de bajo nivel, de sentimentalismo postizo en recuerdo y solidaridad por los muertos ajenos, propio de un reality show.

Uno preferiría votar a políticos a los que provocara recato intervenir en según qué días y lugares. A políticos que retrocedieran ante el carácter familiar y personal de ciertas fiestas. Me pregunto si nuestras autoridades locales y sus asesores vislumbran la oportunidad de rentabilizar políticamente el recuerdo de los seres queridos. Porque si así fuera, no sé qué resulta más ofensivo: que -como palmesano que soy- me consideren un bobo al que agradar con tales maniobras o la categoría de los responsables políticos que nos hemos buscado.

El Palacio de Congresos es un agujero negro en el bolsillo de los ciudadanos.

    El empeño de José Ramón Bauzá y Mateo Isern en continuar las obras del Palacio de Congresos, pone en duda su supuesto compromiso en  racionalizar el gasto público. UPyD propuso paralizar las obras hasta que hubiera empresas privadas interesadas en el proyecto.

 

A la incapacidad de reconocer que lo que debía ser un revulsivo de la economía de Palma ya es un verdadero fracaso, se suma el voluntarismo irracional en perseverar en un proyecto ruinoso. No sólo no hay recursos para financiar la continuación de las obras, sino que tampoco los hay para pagar 27,6 millones de euros, que el anterior gobierno de Antich y Calvo dejó a deber a Acciona, por las obras ya hechas.

Acciona decidió hace unos días continuar unas obras casi paralizadas, a la espera de que la promesa de Bauzá de pagar en breve 10 millones de euros, se haga realidad. El mismo Teniente de Alcalde Álvaro Gijón, agradeció ese gesto, que calificó de “acto de fe”. La verdad es que no se sabe si llegarán los 30 millones de euros que se esperan del gobierno central, ni si Cort conseguirá avales para conseguir de los bancos otros 30 millones. Las administraciones ya no merecen la confianza de bancos ni proveedores, lo que demuestra el grado de insolvencia económica y moral en que han sumido los responsables políticos de PP, PSOE y sus socios habituales, a las instituciones. De ahí que las diversas órganos implicados, (Cort, Govern y Gobierno de la Nación) esperen unos de otros, e incluso se exijan recíprocamente, unos recursos que ninguno tiene.

UPyD considera el Palacio de Congresos un palmario ejemplo de cómo los proyectos de PP y PSOE perjudican al bolsillo de los ciudadanos, y en su momento, propuso la paralización de las obras, hasta que hubiera empresas privadas interesadas. A pesar de que muy desde el principio, el abandono de Barceló y el desinterés de los agentes privados, demostraba que el proyecto no sería rentable, los grandes partidos no quisieron poner freno a una espiral de gastos que hipotecan a los ciudadanos.  El Palacio de Congresos, el mantenimiento de los Consells, o la misma IB3, prueban que la voluntad de Bauzá e Isern en controlar la deuda pública fue, más que un compromiso firme,  mera propaganda electoral.


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