Cesarismo sin Galias

Mientras parece que el dinero fluye, los responsables políticos de uno u otro partido lo derrochan impúdica e impunemente a manos llenas. El cansino rifirrafe PP-PSOE que todo lo contamina, sirve de cortina de humo con la que desviar la atención de las respectivas y similares vergüenzas. Pero como en tantas otras cosas, PP y PSOE no representan verdaderas alternativas, sino la alternancia de dos equipos con distintos jugadores, que comparten los mismos fines.

 

El gobierno del primer Pacte de Progrés dejó una deuda de 858 millones (4,4% del PIB regional). Matas la duplicó dejando un balance de 1798 millones de euros (6’9% del PIB regional) en tiempos de vacas gordas. El pasado mes de junio, y según datos del Banco de España, la suma de la deuda financiera de la Administración General autonómica y la de las empresas públicas con cierto nivel de ingresos, alcanzaba los 4528 millones de euros, un 17,2% del PIB. Pero eso no es todo. A esta deuda que se debe a los bancos hay que sumar otra que no detecta el Banco de España, una deuda que podríamos denominar “camuflada”, que agrupa la financiación a largo plazo en forma de plurianuales, peajes a la sombra o la de los ochenta “consorcios de infraestructuras“. Esta deuda no financiera se paga a cargo del capítulo II, como si fuera un alquiler por usar una carretera o un hospital, de modo que no se imputa en el pasivo de la CAIB.

 

Matas se valió de estas engañifas (las empresas públicas y los plurianuales a treinta años) para endeudarse más de lo permitido por la ley y financiar el metro o las carreteras de Ibiza. Antich está haciendo lo mismo con Son Espases y la ampliación de la red de hospitales. La Sindicatura de Cuentas ha señalado la gravedad de la situación. En vano. Solamente UPyD ha propuesto que sus informes deberían tener carácter vinculante. Joan Font Rosselló ha estimado que la deuda real podría estar ya en torno a los 6.000 millones de euros.

 

Los ciudadanos de Baleares sufren, además de la crisis general, el lastre de un futuro hipotecado por la desastrosa gestión autonómica. Mientras las autoridades europeas han puesto coto a la irresponsabilidad de Rodríguez Zapatero, aquí seguimos entregados al cesarismo sin Galias de ayuntamientos, consells y Govern. El afán de mantener tinglados inútiles en todos los frentes para no perder cuota electoral sale tan caro como las empresas y obras públicas no siempre imprescindibles. Nunca habíamos tenido un ejemplo más claro de lo falaz que es la retórica que presenta a la administración más cercana como la mejor. Irónicamente, las instituciones autonómicas, desde las que tanto se predica el amor por lo autóctono, se han convertido en el peor obstáculo para su sano crecimiento.

 

Cabe preguntarse hasta cuándo la fiesta puede continuar así. Si a la deuda sumamos el volumen de gasto, muchas veces absurdo, y la bajada de ingresos que el frenazo económico ha producido, el resultado es una administración incapaz de asumir sus compromisos. Y como aquí cada “césar” (lo que incluye a concejales, alcaldes, directores y consejeros) se aferra a su lira, administrando su presupuesto a su antojo sin visión alguna de conjunto, todo apunta a que se empezará a notar por donde más duele. Ya lo decía Forges: cómo no vamos a estar arruinados, si el precio del rímel está por las nubes. El Ib-Salut se ha quedado sin dinero para pagar los medicamentos sin receta. Aun con aportaciones presupuestarias extraordinarias, la deuda de la salud pública balear es tal que apenas dan para afrontar los intereses y la deuda acumulada. También en los Presupuestos Generales del Estado para 2011 aumenta la partida para financiar la deuda pública (un 9%). Este porcentaje no bastaría en Baleares, donde los políticos han hecho suyo aquello de que el dinero público es de todos…¡Gasta tu parte!

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