La legitimidad del alcalde

Cuando planteamos la urgencia de una regeneración democrática, no lanzamos una mera consigna propagandística. Para empezar, desde el primer nivel de la administración hasta el más alto, la legitimidad de los gobernantes debe estar asegurada.

 

Los alcaldes son la pieza del engranaje institucional en la que menos pesan las siglas partidistas y más el aprecio personal que despierten los candidatos. Sólo en las grandes ciudades se puede dudar de que así sea. Sin embargo, dado que no es frecuente obtener mayorías absolutas, el aspirante más votado puede verse desplazado por pactos entre otras fuerzas, capaces de formar verdaderas sopas de letras, que alteran impúdicamente los resultados de la voluntad popular.  UPyD propone la elección directa de los alcaldes, que no deberían acceder al cargo mediante el cálculo aritmético característico de los parlamentos, sino mediante una sólida base electoral, verdadero origen de toda legitimidad democrática. En caso de que nadie en las elecciones llegara a la mayoría absoluta, se celebraría una segunda vuelta en la que se eligiera entre los candidatos que hubieran obtenido cierto porcentaje de votos.

 

El Ayuntamiento de Palma es un ejemplo de las componendas a las que son capaces de llegar los viejos partidos con tal de encaramarse al poder. En 2007, el partido más votado, el PP, estuvo a punto de entregar la alcaldía al eterno socio (con sólo 3 concejales)  por el que siempre se derritieron los dos partidos principales. Muy oscuro debía ser el trasfondo del pacto entre ambos como para que el más votado estuviera dispuesto a entregar el ayuntamiento de la 9ª ciudad española. Y muy débil el proyecto para la ciudad, si se está dispuesto a dejarlo en otras manos. Pero la indiferencia por la voluntad popular no era exclusiva del PP, porque el ilustre objeto de sus devaneos se inclinó finalmente por la oferta de todos los demás en bloque, y fraguar así una mayoría que daba todavía más la espalda a la realidad de las urnas. Al menos, se entregó la alcaldía al socio más votado de la alianza, de forma que Aina Calvo se rodeó de socios actualmente pendientes de juicio.

 

La cosa no terminó ahí, porque la imputación integral de la cúpula de UM, llevó a Aina Calvo a romper un pacto que devino indecente, motivo por el que quedó en minoría y aun así, decidió permanecer en el cargo. En definitiva, el espectáculo ha sido un desaguisado permanente en el que los 29 concejales electos dieron en mayor o menor medida la espalda a la voluntad popular. La diferencia entre contar con el respaldo del cuerpo electoral y el pleno municipal no es baladí: es la diferencia entre la legitimidad y el cambalache. El ciudadano de a pie, puede preguntarse para qué sirven las elecciones si los partidos son los primeros en ignorar sus resultados. Someter la política a los intereses de los ciudadanos pasa pues por efectuar cambios que dificulten la entrega de las instituciones a la ingeniería en los plenos municipales.

 

De ningún modo se trata de implantar un hombre fuerte que ejerza de César local. UPyD propone la necesidad de restablecer la advertencia de ilegalidad de Secretarios e Interventores, imprescindible contrapeso a los planes descabellados de alcaldes irresponsables.  Estos funcionarios serán designados por concurso de méritos y no por libre designación. Como medida complementaria a la elección directa, UPyD plantea modificar los métodos actuales de remoción. Una lista de causas graves previamente establecidas y que contaran con una mayoría cualificada, sería mejor que repetir la moción de censura o de confianza, más apropiadas para instancias superiores.

 

 

 

Anuncios

2 Responses to La legitimidad del alcalde

  1. Antoni J. Orell says:

    En principio me parece bien esto de elegir directamente a los alcaldes. Lo que ya no tengo tan claro es como se toman luego las decisiones si los concejales se presentan en una lista cerrada. Ejemplo: supongamos en Palma alcalde PP, pero en el pleno (me invento los números) 13 concejales PP, 10 PSOE, 3 PSM, 2 IU. ¿Como harían para gobernar?
    ¿No seria mejor listas abiertas? Puede haber estupendos gestores, o ideólogos (gente con ideas), o… que no afloran… precisamente por no encajar en un partido. Y precisamente en el nivel municipal, esto se podría llevar a la práctica. Listas abiertas es lo que hace falta. Y me parece bien qu unos se presenten para alcaldes y otros para concejales.

    • Hola, Toni. Te contesto copiando a continuación la propuesta 305 de nuestro programa municipal:

      Listas electorales desbloqueadas con voto preferencial, pudiendo alterar el orden de los candidatos propuestos por los partidos políticos o agrupaciones electorales.

      Como ves, introducimos las listas abiertas. No lo había explicado por no extenderme demasiado. Por otra parte, es probable que en la segunda vuelta se consolidara un alcalde con mayoría absoluta. Si se selecciona, por ejemplo, a los que hayan obtenido un 25% de los votos en la primera vuelta, se aglutinaría el voto disperso del resto en la segunda (contando con que haya participación). En ese caso, el supuesto que planteas no tendría por qué darse en la realidad.

      Saludos.

A %d blogueros les gusta esto: