El catastrazo que viene

Engordar es más fácil que adelgazar. Dejarse llevar por la comodidad de la abundancia es natural. Ajustarse a las limitaciones de la realidad implica racionalidad y  esfuerzo, virtudes que no se asumen placenteramente, pero imprescindibles para equilibrar medios y deseos. La inclinación de un niño por las golosinas es comprensible; en un responsable político es imperdonable. El hecho de que los políticos administren bienes ajenos no cambia el problema esencialmente, excepto porque refuerza la tendencia al dispendio. Pero la realidad existe, e ignorarla tiene consecuencias fatales.

Ese es el triste escenario de las instituciones de Baleares. La inadaptación del gasto a las circunstancias económicas es el peor lastre que una política irresponsable deja caer sobre las espaldas de los ciudadanos. Estos últimos son los que asumen los costes. Aunque se les escamotee temporalmente la verdad, una vez superados los cálculos oportunistas del calendario electoral, se manifestará con toda su crudeza. Los palmesanos pagarán en breve la inconsciencia de la presente legislatura. El año pasado el equipo de gobierno de Aina Calvo aprobó una subida progresiva del IBI para el próximo cuatrienio, que en 2015 habrá subido un 47%.

La crisis ocasionó en 2008 y 2009 un derrumbe en la recaudación municipal por impuestos relacionados con la construcción. Sólo un 25% de los ingresos previstos, lo que produjo un agujero de 40 millones de euros. Calvo al principio trató de mitigar el agujero subiendo los impuestos en 2009. Pronto vio que esta solución ponía en peligro sus expectativas electorales. Pese a ello, fiel al estilo irresponsable de Zapatero, Aina Calvo mantuvo las partidas presupuestarias sin recorte alguno. En 2010 la socialista cambia de estrategia. Congela los impuestos y se endeuda a largo plazo. El Gobierno central le permite un préstamo de 40 millones a cambio de una subida de impuestos. El equipo de Calvo aprueba, con los votos de UM todavía presentes, un Plan de Saneamiento a partir de 2012. Se difiere así la asunción de la cruda realidad, y se propone una subida anual del 11,75% del IBI durante la legislatura 2011-15. En total, un aumento del 47%.

    Aina Calvo no reaccionó ante la crisis y no hizo plan de austeridad alguno. Además de soslayar la contundencia de las cifras, se toleraron los abusos de sus socios (Bloc y UM) en las empresas públicas (IMFOF, Emaya, IME) convertidas en agencias de colocación para allegados. Ni por asomo se cuestionaron duplicidades municipales con las de otros organismos autonómicos. Así, por ejemplo, Calvo creaba un Instituto Municipal de Protección al Consumidor (IMIC) que reduplicaba las funciones de la Oficina de Información al Consumidor del Govern (OMIC), mientras el IME contrataba consultorías de estudios externos sobre nuevos polideportivos cuando Cort ya tiene su propia empresa de estudios (EMOP). Y peor aún, no se asumía dieta alguna para el futuro, lo que demuestra una ceguera inexplicable, o la inconsciencia que se traduce en tierra quemada para el que venga.

UPyD centra su programa municipal en no seguir tratando a los ciudadanos como a niños a los que se ofrecen golosinas que tienen un tremendo coste a medio y largo plazo. Y en propuestas que pongan coto al entramado que sólo conviene a los viejos partidos y a sus redes clientelares. Es hora de cambiar a una doctora que ha empeorado al paciente con su tratamiento. Su posible sustituto, Mateu Isern, da señas de formar parte de la misma escuela: la del lenguaje indefinido que regala los oídos con tal de disimular que su partido es parte importante del problema.

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2 Responses to El catastrazo que viene

  1. Pep says:

    ¡Vaya legado que nos van a dejar estos socialistas! Entre malos gestores, ladrones, corruptos y crisis lo llevamos claro.

  2. Iván says:

    Muy buen articulo Arturo. Tengo entendido que en Madrid va a pasar algo parecido, en cuanto pasen las elecciones habrá subida inminente del IBI que lleva una carrera galopante, en los últimos 4 años ha habido un incremento del 35% del impuesto, todo con el fin de financiar el agujero de 7.000 millones de euros (se dice pronto) que tiene el Ayuntamiento de Madrid gracias al dispendio y obras faraónicas.

    Un saludo

    Iván

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