La vida de los otros

Un cinefórum necesita una buena materia prima; evidentemente, es importante seleccionar una buena película. Si además se tiene el privilegio de contar con un invitado de la talla del Profesor  Sebastián Urbina, Doctor en Filosofía del Derecho, el éxito está asegurado.

El profesor Urbina introdujo “La vida de los otros”, y posteriormente contestó y comentó las observaciones de los asistentes a la última sesión del cinefórum de UPyD.  En realidad, Sebastián Urbina supo sacar provecho de la película como punto de partida para plantear muchos otros temas de actualidad política, sobre los que hizo lúcidas e inteligentes observaciones. Con el fin de que asistentes y lectores de esta breve crónica, puedan profundizar en el tema central del acto, daré solamente algunas de las referencias bibliográficas que el Profesor Urbina citó a lo largo de la charla, y que sirven para ilustrar a la perfección varios de los temas tratados:

  1. Stephen Koch, El fin de la inocencia.
  2. Martin Amis, Koba el Temible.
  3. George Steiner, Nostalgia del absoluto.
  4. Stephane Courtois y otros, El libro negro del comunismo.
  5. Alexis de Tocqueville, La democracia en América.

La supresión de la libertad individual es uno de los rasgos que definen al totalitarismo. Nadie duda de que fascismo y  nacionalsocialismo oprimen al individuo, sometiéndolo a metas colectivas, y convirtiéndolo en un mero peón al servicio de la inmisericorde y descomunal maquinaria de un estado extremadamente intervencionista. Pues bien, observó Sebastián Urbina, que la propaganda y la mentira han encubierto que el comunismo tiene los mismos defectos. Y que las etiquetas superficiales de izquierda y derecha, han servido en este caso para esconder que se trata de realidades idénticas. Parte importante del mundo de la información, la cultura y la enseñanza, ha sucumbido a esta estrategia, que exonera y encubre la violencia etiquetada ideológicamente como de izquierdas. Todavía en 2009 Paco Frutos, anterior líder del PCE, afirmaba que “sólo 4 farsantes pueden celebrar la caída del muro de Berlín”.

   El Profesor Urbina distinguió entre utopías fuertes y débiles. Las primeras aspiran al perfeccionismo social y pretenden transformar la realidad “como quien da la vuelta a un calcetín”. Son muy peligrosas, pues tienen consecuencias contrarias a las que divulgan. Las utopías débiles pueden tener metas igualmente difíciles, pero más modestas, porque  aspiran a perfeccionar al individuo. En todo caso, la tendencia al autoengaño es un serio peligro para la sociedad europea, débil en la defensa de los valores, ilustrados y liberales, que la han hecho posible.

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