¡Es la excelencia, estúpidos!

Que el PP de Mariano Rajoy vaya a regenerar la educación española, es una incógnita. Lo improbable es que las ideas para lograrlo, broten del PP de Baleares. Cuatro meses después de obtener la mayoría absoluta, y habiéndose iniciado el nuevo curso, nada se sabe de lo que se va a hacer para invertir unas cifras muy negativas, que ponen a Baleares, con un 40% de fracaso escolar, a la cola de España.

 

Es cierto que se han declarado ciertas intenciones. Una hora lectiva semanal más en matemáticas, la redacción de las bases de un pacto educativo balear, o la eternamente pospuesta libre elección de lengua vehicular, son las principales. Ser un buen gerente, que introduce criterios de racionalidad y eficacia para no gastar lo que no se tiene, es imprescindible para hacer sostenible la educación pública. Pero la educación es mucho más que eso, y no depende sólo de eso, como pretenden hacer creer quienes, en nombre de un materialismo burdo, reducen la eficacia del sistema educativo al montante de dinero que cuesta.

 

Si 21 años consecutivos de marco LOGSE-LOE nos han conducido al punto en el que estamos, hay que denunciarlo claramente. Si socialistas bienintencionados introdujeron deformaciones psicopedagógicas, ideológicas, facilistas e identitarias, que les han salido como un tiro por la culata, es cosa de valientes y responsables, reaccionar con un plan alternativo. Si es cierto que el modelo educativo es el núcleo de la concepción de la sociedad que se proyecta, los responsables políticos deben demostrar que creen en ello, y lo que es más, tienen capacidad de liderazgo para pasar a la acción, tras extraer consecuencias del fracaso de los demás.

 

La fórmula del pacto educativo ya ha fracasado a nivel nacional. Un pacto en el que se habla de todo, para no cambiar casi nada, es chapotear en la impotencia. El fiasco se debió a que nunca hubo voluntad de renunciar al marco teórico que impone la ley. No es un pacto lo que necesita la educación balear -ni la española-, sino un cambio de rumbo, una ruptura, que apueste, desde la base -donde se gesta el fracaso escolar- por la excelencia. Es hora de superar el discurso del Ministerio de Educación, que se escuda en una equidad malentendida, para renunciar a toda forma de primar la excelencia. Se puede alegar que un gobierno autónomo no puede ignorar leyes nacionales, cierto, pero son muchos los márgenes de acción que tiene para introducir mejoras en ese sentido. Si se carece de valor para hacerlo, es mejor renunciar a las competencias en educación y devolverlas al Estado, siempre que, naturalmente, caigan en manos de quienes sí estén dispuestos a corregir el rumbo.

 

El revelador artículo de José Manuel Lacasa, titulado “Una segunda mirada sobre PISA”, es significativo en este sentido, por cuanto extrae multitud de consecuencias del informe, que las autoridades educativas españolas no parecen interesadas en percibir. Nos caracteriza la ausencia de alumnos excelentes (sólo un 3%). En España, los hijos de padres con bajo nivel de estudios o pocos libros en casa, obtienen los mismos resultados que la media europea, mientras que los hijos de universitarios (o con más de 500 libros en casa) tienen unos resultados mucho peores que en cualquier otro país occidental.

 

Sin embargo, son especialmente significativos los datos que Lacasa analiza sobre la relación de centros de calidad por comunidades autónomas. Se considera centro de calidad a las escuelas que consiguen que sus alumnos obtengan mejores resultados que los que su nivel socioeconómico augura. Un mal centro sería entonces aquel cuyos alumnos obtienen resultados por debajo de lo que su estatus socioeconómico parece prometer. Así, puede medirse la calidad de los centros, independientemente del nivel socioeconómico de sus alumnos. Puede darse el caso de que un centro cuyos alumnos pertenezcan a familias pobres, tenga más calidad que el de familias ricas, si consigue que el rendimiento sea mejor que el previsible, y viceversa. Pues bien, y este es el dato que las autoridades educativas de Baleares no deberían soslayar, solamente un 1,2% de los alumnos de Baleares están escolarizados en centros de calidad, y un 46,4% lo están en “centros malos”, que obtienen resultados peores de lo que cabe esperar según la situación socioeconómica de sus familias.  Sólo Ceuta y Melilla quedarían por detrás de Baleares, con hasta un 80% de “centros malos”.

 

La conclusión es patente: es en la excelencia donde debe ponerse el acento, al margen de la retórica economicista que se ha adueñado del mundo educativo.

 

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3 Responses to ¡Es la excelencia, estúpidos!

  1. Leon ruiz huedo says:

    Cuanta razon llevas.
    Pero tal vez lo que se pretenda sea justamente eso, tener ciudadanos ignorantes a los que sea facil aborregar.
    Animo en esta cruzada. Tienes nuestro apoyo.

  2. LG Darley says:

    Excelente artículo Arturo. Espero que lo lea el Conseller de Educacion, el Lehendakari balear, y, sobre todo, los futuros responsables a nivel nacional.

    Sería bonito aquello de reconocer los (gravísimos) errores y que los partidos nacionales mayoritarios y no mayoritarios cambien el grave rumbo de la educación en España.

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