El camelo de la publicidad institucional

 

   Adaptarse a las circunstancias no es suficiente. Un mero cambio coyuntural -ahora que las arcas públicas están vacías- no cierra las puertas a las malas costumbres. Hay que llegar a las causas estructurales que abren las vías a la corrupción y el despilfarro, y eliminarlas. De lo contrario, no se va más allá del cambio cosmético, del acto de contrición pasajero, del marketing engañoso,…hasta que escampe la tormenta.

UPyD prohibirá la propaganda institucional. No sólo es una de las vías más sangrantes para facilitar la corrupción y el despilfarro, sino que es repulsiva conceptualmente. Un equipo de gobierno construye una infraestructura y al coste de la misma, hay que sumar el precio del autobombo por haberla construído. La valla que anuncia el acondicionamiento de un camino se suma al importe final.  El hecho de vivir en un determinado lugar, es aprovechado -con profusión de medios cinematográficos incluso-para recordarte que “Mallorca ets tu”.  Alguien tiene la ocurrencia de fomentar la hípica, y al montante de dinero público invertido, hay que sumar la publicidad para que se sepa quién gasta ese dinero, y de qué institución proviene, de forma que tanto o más que la hípica, se hace propaganda de los partidos que gobiernan y sus cargos electos.

A la evidencia de que la publicidad institucional es inversamente proporcional al interés de lo que se anuncia, UPyD  responde con una medida concreta en su programa nacional. Las cifras dilapidadas en Baleares a lo largo de las últimas legislaturas por todas las instituciones –Govern, Consells y ayuntamientos- son incalculables. Invente una el lector y se quedará corto. No busquen diferencias al respecto entre los gobiernos del PP o PSOE, y allegados, porque no las hay. A eso habría que sumar las que provienen del gobierno nacional. El reguero de adjudicaciones a dedo y fragmentación de facturas para evitar la licitación pública que a posteriori se descubre, demuestra el sentido final de la publicidad institucional: alimentar nidos de víboras clientelares a costa del ciudadano. El 20-N nos brinda una ocasión para dejar de alimentarlas.

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