Cuba 92 (I).

Corría el año 92, cuando el joven ingenuo, feliz e indocumentado que yo era, decidió que un viaje a Cuba sería una buena forma de disfrutar de las vacaciones de verano. El destino reunía muchas condiciones. Disponer, a los 26 años, de unos ahorros, tiempo y libertad para viajar, lo es casi todo. Además, sentía una franca simpatía por un país del que había asumido los lugares comunes que la izquierda divulgaba: el único país que había conseguido plantar cara al imperialismo norteamericano, el único que resistía los embates del capitalismo, el único en mantener el modelo de una ejemplar sociedad socialista,…

 

Si hubiera estado mínimamente informado, sabría ya en ese momento que las cosas distaban de ser como me habían contado, pero a cierta edad se es más fácilmente impresionable por la propaganda que por el conocimiento. En descargo, no obstante, del joven crédulo que yo era, tengo que decir que el mes y una semana que duró el viaje, sirvió al menos para que algún resorte interior, difícilmente concretable en aquel momento, se activara; no en vano había estado expuesto a la diferencia entre lo que se nos dice y la realidad, aunque todavía tardara algún tiempo en tomar plena conciencia de ello.

 

Una conversación reciente, en la que un adulto afiliado a Izquierda Unida, y entrado en años como para haber superado la candidez de la juventud, afirmaba que en Cuba hay más libertad que en España, me ha servido de estímulo para rememorar por escrito aquella experiencia. Una reflexión sobre la subjetividad de nuestras impresiones cuando pasan el tamiz de la ideología es obligada, a juzgar por la diferencia entre esa afirmación y mi experiencia personal.

 

De poco sirven los viajes en los que uno regresa tal y como se fue. Más allá de las fotos más o menos exóticas, y de trillados recorridos turísticos que no tienen apenas interés, de alguna manera debe uno metabolizar lo que de novedoso hay en los lugares que visita. Digo esto no tanto como exigencia para turistas vanidosos que se creen que descubren el mundo, sino porque, al menos en mi caso y durante aquel viaje, un cierto escepticismo empezó a revelarse en relación a las ideologías políticas que aspiran a grandes revoluciones. Aun sin pretender que la experiencia pasajera de un viaje sirva para describir la totalidad de la realidad de un país, lo que vi despertó dudas sobre la insolvencia de mis creencias.

 

Un eufemismo omnipresente, con el que el gobierno cubano se refería a la precaria situación de aquel momento, era que se estaba pasando por un período especial. Hacía poco que la generosa ayuda soviética había dejado de llegar. Ni petróleo cedido a mitad de precio, ni azúcar pagado el triple de su verdadero valor; dos bicocas que aclaraban lo que realmente había pasado: Cuba se había liberado de la influencia norteamericana para depender de la ayuda soviética. El hundimiento económico de la URSS –que acababa de propiciar su descomposición- había causado la escasez en Cuba de todo tipo de suministros. Los bienes de consumo cotidiano quedaban reservados para los turistas que pagaban en dólares lo que compraban. Para entonces, el turismo era la única entrada de divisa de la economía cubana.

 

Sólo quien dispusiera de dólares podía vivir cómodamente en Cuba. Los extranjeros podíamos adquirir a precios abusivos los productos que los cubanos –oficialmente- no podían comprar. Para ellos, la posesión de dólares estaba tipificada como delito, y disponían de pesos cubanos con los que apenas se podía adquirir nada: era una moneda completamente devaluada. En consecuencia, intentaban conseguir dólares de una u otra forma, con tal de conseguir en el mercado negro lo que la economía comunista les negaba. El caso es que por ser español y tener dólares en el bolsillo, me encontré inesperadamente convertido en un objeto de deseo. No negaré que la inversión de roles sexuales no resultara halagadora, en principio. Chicas bellísimas, resultado del mestizaje tropical, que aquí podrían estar en las portadas de las revistas, ejercían una constante presión sobre los extranjeros. O más bien, sobre la cartera de los extranjeros. Porque a cambio de comer, unos dólares, por pasar unos días o una noche en un hotel en el que podían ducharse con jabón y champú (productos muy escasos), ofrecían sus servicios. Sin embargo, a los pocos días aquello resultaba agobiante. En estos casos, hay que recurrir a una calculada aunque involuntaria antipatía. De ahí que recuerde a una chica, que viendo la indiferencia con la que la ignoraba, rompiera desconsoladamente a llorar. Me aseguró que se sentía avergonzada, pero que necesitaba urgentemente dólares para conseguir los alimentos que necesitaba su bebé. También en los paraísos comunistas puede haber un drama tras la prostitución.

 

 

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2 Responses to Cuba 92 (I).

  1. Peter Horrach says:

    Querido Arturo,

    Sólo escribir unas lineas en consonancia con tu artículo. Habiendo yo viajado a Cuba en varias ocasionas y siendo la última el pasado noviembre puedo confirmarte que nada de lo que tu experimentaste en tu visita a la preciosa isla ha cambiado, siendo la idea romántica de la revolución y antiamericanismo el que lleva a muchos a ignorantes a simpatizar con un régimen aislado y enquilosado en el tiempo que priva a su población de llevar una vida mínimamente digna.

    Desde hace ya varios años en lugar de pagar en dólares el régimen socialista a inventado una moneda, el peso convertible, para uso del turista y así poder aplicar una comisión de cambio que antes con el uso directo del dólar no se podía aplicar. Y es esta moneda la que utiliza el turismo sexual, atrayendo a las jóvenes a prostituirse consiguiendo en una noche multiplicar el sueldo oficial, unos 20 euros, que cobra por ejemplo un médico.

    El sistema hace aguas por todas partes, ya que con un sueldo de 20 dólares no se puede tener una vida digna. Pero es la propaganda comunista la que entra en acción al defender que es el “embargo” americano el que tiene la culpa de su mísera vida, impidiendo el acceso a productos básicos a la población. Es evidente que si se levantara el ·”embargo” la población seguiría sin poder tener acceso a productos de importación, que sin embargo están al alcance en las tiendas de turistas. ¿Que ironía verdad?. Tal vez bastaría levantar el “embargo” para hundir definitivamente el régimen comunista, quién sabe.

    Sin embargo la población vive con miedo, los CDR (comités de defensa de la revolución) que son un tipo de asociación vecinal obligatoria tienen reuniones semanales en cada manzana de las ciudades para informar de la conducta de sus vecinos, buscando neutralizar con chivatazos de sus propios vecinos cualquier atisbo de pensamiento o conducta contraria al régimen comunista. También la propaganda mantiene engañado a los cubanos, ya que su aislamiento del exterior y el no poder viajar libremente me han hecho oír de la gente frases como “la democracia americana es la causa de todos los males” o escuchar decir que a las damas de blanco las financia la CIA.

    Difícil solución tiene la situación en Cuba, parece que sólo el tiempo hará caer un régimen con ideas propias de un tiempo que gracias a Dios hemos superado casi por completo del resto del mundo.

    ¡Feliz 2012 a todos!

  2. Gracias, Peter Andrés por las observaciones que añades. La propaganda sigue haciendo efecto en quienes no quieren ver el panorama completo. Un abrazo, y feliz 2012 para ti y tu familia.

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