La última pamema educativa

Ha bastado el anuncio de que la Conselleria de Educación de Baleares dará rango de autoridad pública a los profesores, para que se compruebe una vez más lo desfasado y anticuado que está el imaginario de muchas instancias relevantes en el mundo educativo, en particular, el de los sindicatos mayoritarios. Conciben la propuesta como una vuelta subrepticia al pasado, como si se pretendiera imponer en las aulas una férrea disciplina, por parte de quienes no saben propiciar un buen clima en las aulas. Es absurdo confundir de esta forma los términos. Por autoridad del profesor no se debe entender más que una condición necesaria, entre otras,  para dirigir la clase con provecho, y crear un ambiente que favorezca el aprendizaje. La autoridad pública de los docentes sólo da prioridad a su palabra en casos conflictivos en los que un adulto, que por ser un profesional, debería tener primacía sobre la de un menor. No altera los decretos sobre derechos y deberes de los docentes y alumnos. Tampoco se plantea como una medida que sea demasiado relevante por sí sola, ni suficiente para resolver la problemática educativa actual. Lo que ocurre es que cuando se analiza el presente desde el anclaje en los conceptos de un pasado superado, se pierde el sentido común y la perspectiva real de las cosas.

Se ha hecho mucho eco a su vez, de que un 60% de los alumnos de primaria y secundaria no se identifiquen con sus profesores. Conocidos comentaristas han enumerado –a modo de explicación del dato- los reproches que hacen a los malos profesores que tuvieron o han conocido. No cabe duda de que un mal profesor puede tener influencias nefastas, y que a los docentes se les debe exigir profesionalidad, ejemplaridad, nivel y habilidad para ser un buen comunicador. Comparto que los docentes debamos mejorar en muchos aspectos y distamos de ser perfectos. Pero dicho esto, suponer  que los alumnos se van a identificar automática y mayoritariamente con los buenos profesores, es confundir las causas con los efectos en un totum revolutum que demuestra la facilidad con la que se dan palos de ciego. Los alumnos pueden no identificarse con los profesores como consecuencia de que no valoren el aprendizaje que les pueden aportar, de que no tengan afán de superación, ni hábitos para aprender ni reconocer lo que de interesante éstos les puedan aportar. Un mal estudiante podría identificarse fácilmente con los mejores alumnos, con los que tiene mucho más en común que con un profesor, y tampoco lo hace. Incluso es un hecho que el porcentaje de víctimas de bullying que destacan por ser buenos alumnos va en aumento. Por decirlo más claro, los buenos referentes están presentes a nuestro alrededor, basta con que los reconozcamos y los valoremos. No identificarse con ellos no es causa, sino efecto de realidades más profundas.

Por otra parte, no ignoremos los aspectos psicológicos de la adolescencia. En ese período, afirmarse como individuo tiene algo de tormentoso y conduce necesariamente a cuestionar lo establecido. La identificación es un mecanismo psicológico que depende de la proyección que cada sujeto realice sobre los demás, buscando, imitando y queriendo para sí lo que de éstos le resulte atractivo. Desde este punto de vista,  una efectiva y mayoritaria identificación de los jóvenes con los profesores, podría indicar dos cosas: o bien que los jóvenes se han convertido en viejos prematuros o que los equipos docentes están formados por tontos del culo.

En definitiva, las cosas no dependen solamente de uno de los dos miembros principales en la educación. Un colectivo que está sometido hoy en día a tensiones contradictorias, hasta el punto de que no se sabe en qué consiste ser un buen profesor. La función como enseñante choca con la de educador, contradicción que está presente en el marco legal español, sobre todo en Secundaria y en Bachillerato. Me atrevo a afirmar incluso que un profesor se ve obligado a nadar contracorriente en estas etapas, si quiere hacer algo más que mera pedagogía de los sentimientos, a no ser, claro está, que haya que anteponer como objetivo que sus alumnos se identifiquen mayoritariamente con él.

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One Response to La última pamema educativa

  1. Me ha gustado el artículo. Lo suscribo, aunque me parece que el dilema entre enseñante y educador es un falso dilema.
    Un saludo.

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