La cocina de los peritajes

La realidad es compleja. La verdad es escurridiza. Distinguir entre la apariencia y el conocimiento ha sido, y sigue siendo, el arranque de toda ciencia y filosofía. La confianza en nuestras intuiciones ha sido una constante, que nos ha llevado a cometer carísimos errores. La actualidad judicial de Baleares aporta ejemplos de la incertidumbre en que nos encontramos, aun pertrechándose de peritos en materias en las que sólo el criterio de un especialista puede dar luz donde no la hay.

No pretendo descalificar a profesionales cuyas disciplinas desconozco. Pero sí manifestar que algo resulta sospechoso cuando dos peritos discrepan sobre el diagnóstico psicológico de un presunto delincuente, que ha desviado grandes cantidades de dinero público. Un  psiquiatra mantiene que el imputado en el caso Bitel sufría un trastorno bipolar, que afectaba a su voluntad, y que remitió gracias a la medicación recetada. Otro psiquiatra describe la conducta del mismo sujeto en términos que cuadran más bien con un trastorno de la personalidad, es decir, una patología diferente. Puede que uno de los dos esté en lo cierto, naturalmente. Puede también que el acusado recurra a los consejos de su abogado en busca de atenuantes por enajenación mental, de forma que ambos peritos podrían estar equivocados… No es tan difícil alegar a conveniencia síntomas que figuran en todos los manuales de psicología. Como es lógico, se supone que un buen perito debe discernir entre los reales y fingidos, pero la verdad es que hay discrepancias. Uno de los psiquiatras anteriores, reconoció una grave patología mental –y de origen orgánico- en el principal imputado por ejercer de testaferro en el caso Son Oms. Más tarde, alegó su perfecto estado para responsabilizarse de sus bienes cuando en pleno proceso de divorcio, su mujer afirmaba que era incapaz de gestionar su fortuna. Insisto en que no tengo los datos al completo como para desautorizar profesionalmente a nadie. Pero es natural sospechar que a la inevitable dosis de subjetividad que toda tesis contiene, se suma la deformación intencionada de la realidad cuando interfieren intereses concretos.

El ciudadano, observador pasivo del espectáculo de la vida pública, puede entrever que es fácil cocinar a conveniencia los peritajes más empingorotados. Los relativos al edificio de Gesa, siguen dando ejemplos. Hay quien afirma –entre otras virtudes- que sirve de marco monumental a la Catedral para los coches que entran en Palma por la autopista del aeropuerto… Tal cual. No en vano se suma en este caso el factor político, que los principales partidos entienden como defensa a ultranza de sus hijos, aunque un juez los desautorice, como es el caso, y arrojen resultados dudosos y costosísimos. Pues la reforma de un edificio público degradado que nadie valora por motivos estéticos, más las previsibles compensaciones al dueño del solar, son una realidad objetiva y tal vez más disuasoria que maravillosos planes urbanísticos en época de vacas flacas.

Uno, ante la duda, opta por desconfiar de las convicciones profundas y arraigadas sin asidero consistente. Y a pesar de que Nietzsche demostró que tras la racionalidad aparentemente límpida también subyacen pulsiones inconscientes e inconfensables, espera que la integridad profesional de quienes toman decisiones,  se imponga a las numerosas presiones que reciban.

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2 Responses to La cocina de los peritajes

  1. Toni says:

    Muy bien Arturo, como siempre cum laudem, tienes la virtud, de hacernos pensar sobre lo que escribes y eso es importante.
    Respecto a lo que dices sobre: “Un psiquiatra mantiene que el imputado en el caso Bitel sufría un trastorno bipolar, que afectaba a su voluntad, y que remitió gracias a la medicación recetada.”. El juez debiera valorar que los informes medicos/psiquiatras tambien pueden no ser ciertos”… un transtorno de personalidad, puede valorarse como aquel que tiene lumvago, se pierde la dolencia en el infinito.
    Estamos en una sociedad en la que todo vale si conseguimos un fin, “salvarse de la quema”, yo creo en la justicia, pero a veces tambien creo, que al administrar justicia, el juez tendria que ser mucho mas duro cuando el delito afecte a la cosa publica.
    No es lo mismo robar 100 euros a un rico, que un cargo publico meta la mano y se quede con 100 euros de los impuestos de los ciudadanos-

  2. Muchas gracias. En realidad, sólo intento aclararme las ideas a mí mismo, y tengo la impresión de que no siempre lo consigo. Tengo más datos sobre el caso que cito. Uno de los dos psiquiatras “se merendó” al otro, por lo endeble de la justificación de su diagnóstico. Lo extraño es entonces que un sujeto mentalmente incapacitado para asumir responsabilidades como las que tenía, tuviera ese cargo… Sospecho que la “medicalización” o “psicologización” de ciertos casos de corrupción conduce intencionadamente a la desaparición de la responsabilidad por los delitos cometidos; es lo que interesa a los acusados. De nuevo la integridad profesional de los peritos es central. ¿Hará falta un peritaje que perite la calidad de los peritos?

    Saludos.

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