¡Bienvenido, Mister Marshall!

Es una gran satisfacción que viejos amigos se incorporen a la lista de ponentes que colaboran desinteresadamente en el cinefórum de UPyD. En esta ocasión, Javier Navarro Ferrer participó como invitado a la última sesión de nuestro ciclo de cine políticamente incorrecto.

Javier Navarro analizó el contexto histórico de ¡Bienvenido, Míster Marshall!

Filmada en 1952, cuando las posibilidades de que España se acogiera a la ayuda norteamericana -para reactivar la economía de una Europa arrasada- acababan de esfumarse. Una de las condiciones para ser incluida en el Plan Marshall, era la relajación en materia religiosa, de forma que se modificara el Foro de los Españoles, que no reconocía libertad alguna al respecto. Franco había hecho la consulta al Vaticano, que tras cuatro años deliberando, se negó a que España dejara de ser exclusivamente católica. El hecho de que se identificara al General Franco con el bando perdedor fue otro motivo para sumirnos en el período que conocemos como Autarquía: el retraso y la pobreza se traducen en que cuando se filma la película, todavía existían las cartillas de racionamiento.

  Javier Navarro comentó otros detalles sobre el Plan Marshall. Dado que el comunismo se había extendido al este de Europa, y había estado a punto de ganar las elecciones en Italia, la administración norteamericana decide resolver definitivamente la histórica y traumática conflictividad en Europa, convirtiéndola en una sociedad moderna, con una numerosa clase media, que disfrute de las ventajas de la democracia y el liberalismo. A la ayuda financiera, se suman iniciativas como el envío de mulas para reactivar la agricultura griega, ó 10 millones de cartas de los inmigrantes italianos a sus familias advirtiéndoles del peligro del comunismo. El modo de vida norteamericano se concreta en productos como el chicle, la coca-cola, los electrodomésticos, la publicidad, el café soluble, etc., privilegios poco extendidos hasta el momento.

Javier Navarro destacó el mérito de los guionistas de la película eludiendo los rigores de la censura del momento. Miguel Mihura (alma mater de La Codorniz), Juan Antonio Bardem (claramente opuesto al régimen) y Luis García Berlanga (más inclinado por el humor en forma de esperpento), consiguieron hacer pasar como una historia aparentemente banal en forma de simple comedia, lo que en el fondo es un retrato crítico de la realidad española y de los viejos defectos que la caracterizan. La picaresca generalizada, el paletismo cazurro, la mitificación del localismo castizo, la cultura del pelotazo que se espera como caído del maná gracias a la ayuda exterior en lugar de al desarrollo interno, la existencia de oligarquías caciquiles con las que congraciarse o el retraso cultural, son aspectos centrales de la película, sobre los que cabe hacer inevitables extrapolaciones sesenta años después. No en vano se destacó que los quiméricos proyectos de los responsables políticos para transformar la realidad, terminan también hoy en día como en ¡Bienvenido, Mister Marshall!, es decir, en sueños dolorosamente rotos, que los ciudadanos acaban pagando con lo poco que queda en sus esquilmados bolsillos.

Sin ser exhaustivo, los comentarios en el coloquio repararon en varias cuestiones:

  1. El recuerdo que suscita la película de una infancia no tan lejana.
  2. La pervivencia de prejuicios antinorteamericanos –que ya no proceden de una iglesia ultraconservadora como en la película- sino del supuesto progresismo de la izquierda, que rechaza tanto más profundamente los rasgos de la cultura estadounidense cuanto más los imita.
  3. El subdesarrollo en que las autoridades franquistas sumieron al país hasta que un grupo de ministros logró introducir cambios que terminaron con la Autarquía.
  4. El actual interés en conseguir la instalación en España de una gran zona de casinos con Las Vegas.
  5. Los guiños intencionados a un público consciente de que había censura en España.
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