La conspiración. Ciclo de cine políticamente incorrecto

 

Tan importante como la calidad de las películas, es la talla de los ponentes con los que contamos en nuestro cinefórum. El pasado jueves, Chema Solera Orbis sacó un rendimiento extraordinario a la última película dirigida por Robert Redford: La conspiración. Aun sin ser calificable a priori como políticamente incorrecta (tal y como anuncia el título del cinefórum), pues defiende posiciones que se salvaguardan oficialmente, e incluso recurre al maniqueísmo, Chema Solera supo entrever agudamente las preguntas que la película suscita y que generan un vivo debate –como de hecho ocurrió-  pues afectan al núcleo de problemas clásicos en la historia de la humanidad.

1)      ¿Puede un hombre solo enfrentarse con el monumental aparato del poder de los estados?

     Frederick Aiken, el abogado defensor de Mary Surratt que evoluciona de un escepticismo desentendido a ser el único en creer en su inocencia, pagará un alto precio personal por su coherencia e integridad. No en vano se enfrenta a la opinión pública y a un establishment que, dadas las circunstancias históricas del momento, necesitaba un castigo contundente y rápido, que reafirmara la permanencia, la solidez de un estado que acababa de ser descabezado en el atentado que acabó con la vida de Abraham Lincoln. Mutatis mutandis, Chema Solera estableció el paralelismo entre el abogado y UPyD, un partido pequeño entre gigantes.

2)      ¿Es posible mantener el orden –los principios y valores- entre el caos y el desorden?

Es fácil mantenerse firme y fiel a los principios cuando no nos afectan, o somos espectadores desde la comodidad de la distancia. Pero la vivencia real de las cosas, altera nuestra percepción de la responsabilidad. De ahí la respuesta del Secretario de Estado Stanton (Kevin Kline) a Aiken –capitán del ejército de la Unión- cuando éste le reprocha que el proceso de Mary Surratt ha vulnerado los principios legales por los que ha luchado en la reciente guerra contra la Confederación: “los principios sirven para arengar a los soldados, no para dirigir una nación”. La razón de estado se contrapone a la pureza kantiana del clásico fiat iustitia, et pereat mundus, que subyace a la distinción de Weber entre ética de la convicción y ética de la responsabilidad.

 

3)      ¿Somos influenciables por las características del acusado?

El hecho de que Mary Surratt fuera una abnegada madre, trabajadora y católica, que antepusiera la vida de su hijo – acusado a su vez pero prófugo- favorecen que se empatice con ella, y se comprenda la exigencia de garantías procesales que aseguren un juicio justo. ¿Mantedríamos el mismo nivel de exigencia con otro tipo de acusados? ¿Con todos, como debería de ser? ¿También con un pederasta o un terrorista?

4)      ¿Dónde están los conspiradores? ¿Hay más de una conspiración?

Si los sospechosos de estar implicados en un crimen, son juzgados y condenados precipitadamente por las implicaciones políticas del caso, bien podría plantearse que hay conspiradores entre los presuntos culpables, pero también entre quienes los juzgan. Con el agravante, de que se espera de los segundos una imparcialidad de la que carecen. De ahí que se citara el artículo de Pedro J. Ramírez en el que establecía paralelismos entre la resolución del juicio de los atentados del 11-M en Madrid y el de Mary Surratt.

 

A raíz de estas preguntas se despertó un vivo debate, en el que Chema Solera destacó que siendo el ser humano fundamentalmente movido por impulsos que una pátina de racionalidad no logra controlar, las sociedades avanzadas deben desarrollar mecanismos legales, políticos, jurídicos y económicos que impidan las reacciones más básicas en las que tendemos a incurrir. La monopolización de la violencia en manos del Estado fue un avance capital. Pero nada asegura que éste la use legítimamente siempre. De ahí que desde el pensamiento liberal se haya observado que también el Estado deba ser controlado, sometido a un sistema de garantías, especialmente cuando las circunstancias históricas o presiones concretas invitan a lo contrario.

Anuncios

2 Responses to La conspiración. Ciclo de cine políticamente incorrecto

  1. LG Darley says:

    Buenísimas reflexiones. Me gustaría haber podido acudir y comentar algunos casos reales y los principios que un juez de Estrasburgo y otro de Luxemburgo nos recomendaban – en un congreso- no olvidar.

    La separación de poderes e independencia real del Poder Judicial y de la Fiscalía sería algo esencial. Como es fundamental el cumplimiento de los derechos básicos en los procedimientos, especialmente, en los penales.

    Seguir esa reglas es lo que evita los impulsos, los pre- y per-juicios, las manipulaciones, los montajes, los errores.

    Internet nos está ayudando a avanzar; pero siempre que se levanta la voz, hay consecuencias: “para que aprendas”. El precio lo pagas siempre y normalmente no ganas.

A %d blogueros les gusta esto: