Del “faites vos jeux” al “rien ne va plus, chevaliers”.

Es cierto que la hormiga no aprende a cantar –afirmaba Nietzsche-, pero a continuación, y  con más crudeza, desenmascaraba la solidaridad colectivista, socialista o cristiana, con la que la cigarra legitima a su costa sus intereses en forma de ley moral.

No someterse a los límites que la realidad nos pone en forma de escasez, es un mal fatal si se recurre a una fuente aparentemente inagotable de recursos. De hecho, es la fórmula con la que seguir viviendo a costa de los demás. Pero la cruda realidad se abre paso tarde o temprano. E inevitable y dolorosamente habrá que aprender que sin austeridad, no hay crédito. Sin crédito, no hay liquidez. Sin liquidez, no hay inversión. Y sin inversión, no hay crecimiento. Luego la austeridad es la base del crecimiento. Este razonamiento, de abstrusa profundidad metafísica para el ludópata, resulta también de difícil comprensión para políticos irresponsables, hasta que se dan de bruces con el ultimátum de sus acreedores, a los que entonces estigmatizarán como malvados neoliberales

Pero la realidad supera la ficción. Porque cuando se llega donde se ha llegado en España, la opinión pública descubre con pasmo que el jugador y el financiero- prestamista han intercambiado sus puestos con impune frescura. De ahí que cajas de ahorro sean gestionadas por políticos refugiados –de todos los partidos-, o sindicalistas, en lugar de por profesionales. Como se da la circunstancia de que este particular jugador juega con un dinero que no es suyo, necesita tutela. De hecho, para eso está el Banco de España. Pero…ay, como el tutor también tiene inclinaciones políticas, acaba haciendo la vista gorda ante las maniobras de unos y otros, pues al final parecen todos entregados a la fantasía de la ex ministra socialista según la cual el dinero público no es de nadie. Así, ignoran los consejos del profesional aguafiestas, ese antipático que reprime el principio de placer en nombre del de realidad, aconsejando discreción y menos fantasía. Lo peor es que el acto de contrición y enmienda no se produzca motu proprio, sino mediante la presión de una fuerza externa, -una espadachina germánica que no quiere volatilizar los ahorros de sus compatriotas- que devuelva a los jugadores ebrios a la realidad. Porque si fuera un particular quien ignorara los riesgos, allá él y que disfrute la juerga, pero cuando la disfrutan políticos metidos a banqueros… allá nosotros aunque dimitan después del estropicio.

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