Realidad o ficción en la educación balear

IES Ramón Llull

Observe el lector la fotografía anterior. Es la fachada del Instituto de Educación Secundaria Ramón Llull, centro educativo público más antiguo y de más solera en Baleares. Parece una foto real. Pero no lo es: es ficción.

Como se ve, ondean la bandera nacional y la autonómica como establece la ley. Acatarla parece preceptivo, consustancial a la democracia. Pero no lo es: es ficción. Hace décadas que no se cumple la Ley de Banderas en muchas instituciones públicas, en especial en los centros educativos. Sin embargo, el lector observará de nuevo la foto, y verá que la vista no le engaña: las banderas están ahí… Pero no, es ficción. La bandera española y la de Baleares ondearon durante un fin de semana en la fachada principal del instituto, porque una productora de cine así lo pidió para filmar unas escenas en las que el centro se convertía en comisaría de policía. Después, fueron quitadas de inmediato.

La verdad es totalmente diferente a lo que se ve en la foto, porque el ambiente educativo balear convierte en realidad la ficción. Caceroladas, protestas, pseudohuelgas, empujones, insultos, lacitos y lazazos con la bandera de otra comunidad autónoma, contaminación auditiva autóctona durante los recreos, vídeos de exaltación lingüística… son las principales acciones con las que sin pudor alguno, sin el más mínimo recato, el nacionalismo se vale de la educación como correa de transmisión de sus consignas, y se aprovecha de un público acrítico, para convertirla en un falansterio identitario. Y son una realidad diaria. No son ficción. Sin embargo, el cumplimiento de la ley –y del mínimo decoro en no instrumentalizarla políticamente- son ficción;  hace falta que se grabe una película para ver la realidad a través del espejo de la ficción.

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4 Responses to Realidad o ficción en la educación balear

  1. Xisco Pujadas says:

    vergonzoso el jingoísmo que sufrimos en las islas…

  2. Sí, la ley no se cumple. ¿Por qué? ¿Quién son los responsables de que no se cumpla? ¿Por qué no hay consecuencias? ¿No se ha percatado ninguna Policia de ello y no lo han denunciado?

    Estamos ya en el Siglo XXI. En países como Alemania, Australia, Bélgica, Suecia, EE.UU., Francia, Italia no es “yu-yu” poner su bandera nacional en los colegios (ni llevarla en el reloj, como le criticaban a Bauzá; aunque no haya mundiales de fútbol).

    Los nacionlistas e ndendentistas quieren que se respeten sus banderas; pero no respetan la bandera de todos los demás. Me gustaría ser un país normal, donde las banderas estuvieran en los edificios públicos. A mi no me gustan los colores (pondría algo de verde o azul); pero es la bandera que tenemos, por cierto, muy pparecida a la bandera aragonesa o ccatalana. L

    • Completamente de acuerdo, Roberto. Entre los problemas de la educación, el asunto de las banderas es una anécdota insignificante. Lamentablemente, quienes rechazan una pero ponen otra por todas partes no piensan así.

      Saludos.

  3. Lourdes Giribet says:

    El tema de las autonomías, sus ambiciones y sus banderas, resulta realmente triste para todos aquellos que nos sentimos, primero españoles, después amantes e identificados con nuestra región de origen o de adopción y, finalmente, aspiramos a ser ciudadanos del mundo.
    Los que hemos vivido fuera de España durante un largo periodo de nuestra vida y regresamos a nuestro país con un cierto sentimiento de nostalgia de lo vivido en nuestra infancia y nos instalamos en una región en la que existe, o debiera existir, la cooficialidad de dos lenguas, podemos sentirnos más extranjeros ahí que en cualquier país que no sea el nuestro.
    A mí nunca me han hecho sentirme incómoda en Francia, donde he vivido durante veinte años. Al contrario, cuando me oían hablar por primera vez me decían: “D’oú vient-il ce joli accent?. Cést charmant.” (¿De dónde viene ese acento tan bonito?. Es adorable). Sí, señores míos¿Podemos imaginar a un vasco, a un gallego o a un catalán dirigiéndose en estos términos a una joven castellana?´.Los americanos se sienten profundamente americanos vengan del Estado que vengan. Para los franceses no hay nada más importante que “la grandeur de La France” y cantan, al unísono y con entusiasmo La Marsellesa; sin embargo en España nos acompleja, tenemos miedo de las represalias, si sacamos una bandera española a nuestro balcón cuando vemos la senyera colgada en el de enfrente y no hay un sólo madrileño-español bragado que sea capaz de saltar al césped del Vicente Calderón y exponer una bandera española, junto a las dos de las regiones de los partidos en liza, en una final de La copa del rey, digo yo que de España, para que conste lo que se está celebrando. ¡Es patético!. De los pitidos al himno del país que va a entregar la copa a uno de los dos… sin comentarios. ¿Qué hacen ahí disputándosela?

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