No hay batacazo económico sin lección política

Una vez consumado el enésimo batacazo institucional y económico –no tiene otro nombre que después de haber gastado 70 millones de euros no se puedan acabar las obras del Palacio de Congresos, ni haya empresarios interesados en su explotación- se han publicado muchos artículos de opinión sobre el asunto. Lógicamente, no es fácil asimilar que un supuesto revulsivo de la economía y la estacionalización turística, se haya convertido en todo lo contrario, en un tremendo lastre a costa del contribuyente.

 

    Camilo Cela Conde invitaba a acabar cuanto antes con una sangría inútil mediante el derribo. Javier Mato ha afirmado que es momento de ser piadosos, de mirar hacia delante, y lamenta la falta de liderazgo y vitalidad empresarial de la sociedad balear que nos impide tener un palacio de congresos como otras ciudades. Por su parte, Gaspar Sabater sigue defendiendo el proyecto, mantiene que es una importante inversión de futuro, señala los obstáculos que complicaron las cosas, y reprocha a los agoreros que digan ahora que predijeron el descalabro.

 

Puedo entender que no sea momento para sacar pecho, recordando que sí ha habido quienes anticiparon lo que podía ocurrir y recomendaron parar las obras a tiempo. Aun siendo una ley del rifirrafe político sacar partido de los errores ajenos, tal vez no sea lo más elegante ensañarse con la voluntariosa torpeza de políticos generalmente bienintencionados. Pero discrepo en cerrar en falso un episodio importante sin extraer aprendizaje alguno de los errores cometidos, porque ninguno de los planteamientos anteriores contribuye a  recuperar la credibilidad perdida de unas instituciones que la opinión pública considera como su peor enemigo. Máxime cuando, si somos incisivos –no renunciemos a la reflexión- y aplicamos un qui prodest a las opiniones publicadas, se diluye tanto la responsabilidad, que no se sienta base alguna para evitar que cosas así sean lo habitual.

 

Cuando fui candidato por UPyD al ayuntamiento de Palma en las últimas elecciones municipales, fui invitado a un foro en el que los asistentes preguntaban abiertamente al candidato sobre cualquier punto de su programa. Un conocido empresario turístico que afirmó que sólo le interesaba la promoción turística,  se interesó por nuestro programa al respecto, y entre otros puntos, manifesté nuestra oposición a proseguir la construcción del palacio de congresos con fondos públicos, sin financiación del sector privado. No era lo que quería oír. No sólo no compartió mi planteamiento, sino que aseguraba la conveniencia, la necesidad y la rentabilidad de un edificio de esas características. Veamos, si por mí fuera, podría haber un palacio de congresos, otro de la ópera y un zoológico, en cada pueblo de Mallorca, con la condición de que fueran rentables por ser masivamente visitados por un público dispuesto a afrontar los costes del espectáculo. Pero las cosas no son así. Los responsables políticos no pueden ignorar los riesgos de proyectos teóricamente fantásticos cuando –como es el caso- el mismo sector turístico que tanto pedía la instalación, no daba pasos en firme para sufragarla, hasta el punto de abandonarla (Barceló) o ni siquiera haber concursado por su explotación. Y deben ejercer un contrapeso racional a los cantos de sirena de quienes exigen inversiones que no están dispuestos a hacer motu proprio, así como tener en cuenta las voces de quienes conociendo el mercado, afirmaban desde el principio que no era suficientemente voluminoso como para que un gran palacio de congresos fuera rentable. De lo contrario, la cacareada estabilidad presupuestaria que actualmente tantos desvelos ocasiona, y que debe empezar por los ayuntamientos, no sólo será imposible, sino que las obras públicas seguirán siendo consideradas por la opinión pública como focos de corrupción, o como parte importante de la ruina que propician políticos con ínfulas de ser grandes empresarios.

 

Anuncios

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: