Los papis pretenden vaciar las aulas

Afirma Inger Enkvist que estamos en una situación históricamente nueva, porque “es la primera vez que una generación educada libremente–lo que en muchos casos significa no haber sido apenas educada- tiene la responsabilidad de educar a sus hijos”. Y mantiene que ningún grupo sobrevivió a su incapacidad de educar a la generación que le sucedió[1].

Ya sabemos que los sindicatos de estudiantes no son más que un satélite descerebrado y teledirigido, manipulado a conveniencia por los partidos nacionalistas. Y que la posibilidad de quedarse un día en casa durmiendo o viendo la televisión, es una tentación que se autoconceden legalmente los alumnos de Baleares -¡A partir de los 14 años!- un par de veces por curso. Pues bien, creo que cabría esperar de los adultos que contrarrestaran con algo de madurez, conocimiento y seriedad, las veleidades de la infancia y la adolescencia. Es más, en este particular, la virtud del ejemplo tiene un poder educativo  más importante que muchas otras cosas.

Pero hete aquí que asociaciones de padres (CEAPA) han anunciado que no llevarán a sus hijos al colegio durante tres días en protesta contra los recortes y la reforma educativa en ciernes. Aparte de si conviene preservar a los niños de debates que todavía no pueden comprender, me molesta todavía más que sean ésos los motivos por los que se movilicen los padres. En particular, la reducción economicista patente en su discurso. Son muchos los problemas que acarrea desde hace décadas la educación española, y el económico, no es el único ni el principal. Los datos están al alcance de quien se moleste en estudiarlos:  hasta el estallido de la crisis, el gasto en educación aumentó generosamente mientras los resultados empeoraban progresivamente.

Uno, que al entrar en las aulas, piensa a diario en no añadir un agujero más al casco semihundido del barco educativo –lo que implica ignorar de pleno múltiples influencias que la han deformado grotescamente-, se asombra de que el sector que más implicado debiera estar en preservar a sus hijos de agitaciones políticas de cualquier color, añada con fruición una vía de agua más, quién sabe si definitiva, pues deberían ser los más interesados en hacer algo más sutil que pedir más gasto y condenar la educación actual a la pasividad conservadora. Porque el maniqueísmo del discurso que mantienen, esconde incluso que hay un choque de paradigmas educativos de trasfondo, con uno implantado desde hace 22 años,  cuyo insoslayable resultado acaba de reconocer la UNESCO poniéndonos en cabeza del fracaso escolar. Y en esos casos, es más honesto contrastar los hechos, analizar de dónde se viene y a dónde se quiere ir, y valorar las alternativas, a no ser que nos encante la mediocridad. Claro que para eso, hay que estar… muy bien educado.  

 

 


[1]              Inger Enkvist, “Repensar la educación”, Ediciones Internacionales Universitarias, pág. 19.

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One Response to Los papis pretenden vaciar las aulas

  1. Toni says:

    Este problema educativo no tendra solucion, hasta que no seamos capaces de comprender, de que un pais solo debe dirigirse desde un punto, no puede tener 17 puntos de direccion.
    Los interesados en que existan los 17 puntos de gestion, son los que vivien del presupuesto que gestionan estas 17 areas (unas mas que otras).

    Busquenme algu pais europeo, que tenga un parecido a lo que esta sucediendo en España,…..no encontraran niguno, por mas que se esfuercen en buscar, ¿no es significativo, que nosotros seamos la diferencia?

    En el problema linguistico, aqui en Baleares “el catalan” es el idioma oficial y el castellano o español, es el idioma suplementario, existe porque ellos lo permiten.
    No seria mas coherente darle la vuelt a la tortilla, y que el idioma oficial y publico fuera el castellano y el “catalan” fuera el idioma que debieramos proteger, para evitar que se perdiera.
    Hasta que no unifiquemos en la enseñanza publica el idioma castellano o español en todo el territorio del estado, siempre daremos cancha a estos vividores nacionalistas, que quieren otra vez agarrarse a las suvenciones presupuestarias.

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