La austeridad que no llega

Es hora de hacer algo más que subir los impuestos y recortar servicios para reducir la diferencia entre lo que se ingresa y lo que se gasta. Agotadas las vías de financiación con los bancos, y habiendo recurrido al Fondo de Liquidez para salvar los vencimientos de deuda acuciantes, el entramado institucional balear –desmesurado, carísimo e ineficaz- permanece intacto, aun habiéndonos llevado a una ruina que llevará décadas cancelar. Hay que llevar la austeridad donde no ha llegado: a la eliminación de organismos públicos redundantes.

Un gobierno certero en el diagnóstico y valiente con el tratamiento, empezaría por suprimir los Consells. ¿Coste político? Muy poco: el ruido de una oposición desquiciada que también vería en ello una merma de oportunidades para asegurar el modus vivendi a su mesnada a costa del erario público. Sus respectivos portamaletas intelectuales se rasgarían las vestiduras ensalzando las virtudes de una institución cuyas funciones pueden ser recuperadas por el gobierno autónomo. Pero la opinión pública no es tan ciega. Ninguna institución está peor vista que el Consell de Mallorca. Desde su origen, su gestión en carreteras, suelo, territorio y subvenciones de todo tipo, ha quedado unida -en una especie de inconsciente colectivo- a la corrupción y la arbitrariedad de UM, consentida y apoyada por PP, PSOE, PSM e IU según la tesitura de los equilibrios de la aritmética parlamentaria del momento. Ahí está la lista de causas juzgadas o pendientes de serlo. ¿Han cambiado las cosas? Sí, pero poco importa: la falta de financiación –el Consell espera y reclama unos recursos que no llegan porque no existen- impide inversiones reales y el grueso de su presupuesto se desvanece en gasto corriente, luego es una institución superflua. ¿Implicaría esto un lento y difícil cambio constitucional? Sí, pero también podría explorarse la modificación del Estatuto de Autonomía  (artículos 70-73) y la Ley de Consells en el ámbito autonómico.

Los ayuntamientos y mancomunidades deben ser sometidos a criterios de eficacia, lo que significa fusionarlos en torno a los 20.000 habitantes, que ha demostrado ser la cantidad menos gravosa. La fusión de ayuntamientos permitiría a su vez prescindir de mancomunidades que reúnen servicios para distintos municipios… al mismo tiempo que mantienen sus respectivos ayuntamientos; me sorprende que todavía haya quien dude que es exagerado hablar de metástasis administrativa.

Según el Banco de España, la deuda de Baleares asciende a 4.673 millones de euros. Todo apunta a que es una cifra incompleta y queda deuda camuflada. Aun así, es un 17,5% el PIB de las islas, lo que está por encima de la media autonómica, con un 14,1%. Al menos, mientras el resto de autonomías incrementará su deuda un 10,9%, Baleares sólo lo hará en un 2,4% en este año, lo que permitiría ajustarse al 1,5% de límite que puso el gobierno de la nación. José Ramón Bauzá y José Ignacio Aguiló han presentado estos datos como muy positivos. Sin embargo, dado que el reciente rescate de 355 millones de euros pone en evidencia la debilidad de la situación, es hora de explorar otras vías, las de una austeridad institucional que no llega.

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2 Responses to La austeridad que no llega

  1. Peter Horrach says:

    Enhorabuena Don Arturo por la publicación de su comentario en El Mundo de Baleares de hoy 25 de octubre. Ya es hora de que la crisis no sólo la paguemos los ciudadanos con subida de impuestos y recorte de prestaciones sino que también el Gobierno del Partido Popular se apriete el cinturón adelgazando como usted ya indica en su artículo tanto en burocracia como en personal así como eliminar los Consells insulares que tanta corrupción y favoritismo han producido. Un saludo.

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