Prescindir de IB3

Hace unos años –cuando IB3 era un proyecto en ciernes del penúltimo gobierno del PP- un ilustre articulista, me propuso que asistiera a una comida entre conocidos caballeros liberales, alguno de los cuales tenía una clara y reconocida trayectoria intelectual. Para mi sorpresa, no se manifestó entre los presentes recelo alguno contra la creación de una televisión pública en Baleares, pese a que los costes de tales engendros –la misma RTVE como caso emblemático- eran vox populi, y objeto de fundadas y ancestrales críticas desde el acostumbrado rigor liberal con el erario público. Pero no, todo eso se había olvidado y lo que allí se vislumbraba era otro peligro: un cambio de gobierno implicaría entregar al nacionalismo y la izquierda –duchos en la explotación sentimental de la propaganda- un arma política más. Pese a echar de menos una mínima suspicacia contra lo que iba a ser otra superflua ciénaga de gasto insondable, no osé abrir la boca, pues lo que ya se intuía es que alguno de los presentes contaba con suministrar programas y contenidos a la futura televisión, lo que previsiblemente se traduciría en importantes ingresos. Y es que ya se sabe: no hay tentación más fuerte que vivir a costa del tesoro público, mal generalizado en España, lo que explica gran parte de lo que está ocurriendo, y afecta especialmente a quienes entienden que la ejemplaridad sólo es exigible a los demás.

 

Viene esto a cuento de las cifras publicadas sobre los costes de IB3 en 2012. Aun habiendo mejorado efectivamente, se mantiene una deuda de 42 millones de euros. Y pese a que su presupuesto se redujera drásticamente a 30 millones –el anterior era de 60- se cerró el año con un déficit de 12,3 millones, que hubo que añadir posteriormente. En una situación general en que las grandes cifras públicas siguen siendo muy negativas, en la que se debe racionalizar todavía más el gasto en servicios básicos, y en la que se planea gravar con más y nuevos impuestos al maltrecho ciudadano, cabe preguntarse si es suficiente recortar un poco de todo, o habrá que reconocer que se ha terminado una época en la que se salía adelante sin prescindir de nada.

 

Sí, ya sabemos que hay quien considera demagógico plantear la clausura de IB3, como se hizo por cierto con TV de Mallorca, con argumentos habituales: la producción televisiva y cinematográfica no es derroche sino inversión,  la evolución socioeconómica de la sociedad es suficiente como para tener servicios, bienes, derechos…y uno de ellos son los servicios de comunicación públicos, como lo es la cultura, reclamar el cierre del canal autonómico es simplista porque si se usa bien, puede ser una herramienta de cohesión, lo importante es que esté dimensionada y sea independiente, etc…

 

La cuestión es si podemos seguir dando la espalda a los límites que impone la realidad, cuando la deseada evolución socioeconómica no es tal, sino todo lo contrario. Y si es hora de extraer algún doloroso aprendizaje de lo que implica una deuda desorbitada. Además de resguardarse del optimismo ingenuo, que resulta ser en el fondo interesado, haciendo pasar por interés social y cultural lo que lleva a la ruina de muchos por ser el modus vivendi de unos pocos. Así las cosas, sorprende que el Govern no se plantee que mantener lo que no se sostiene es peor política que la politización de un medio televisivo… incluso cuando los míos lo controlan.

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4 Responses to Prescindir de IB3

  1. Alejo Muñoz says:

    Muy bueno!!!

  2. LG Darley says:

    Tienes más razón que un santo Arturo.

    A los “argumentos habituales” de cargar todo al Presupuesto, al Estado (es decir a los demás bajo el lema “lo mío es poco, es el chocolate del loro y no se nota”) hasta que reviente, hay que responder directamente que todos deberían buscarse sus lentejas en el libre mercado y que no nos obliguen a los demás a sustentarles. Debemos dejar atrás nuestro metastásico Estado Clientelar Subvencionador y del Enchufe. O nos hundiremos con él.

    Ni siquiera siendo realmente ricos se pueden mantener mucho tiempo tales proyectos de ingeniería social. Países más pequeños y ricos, como Suecia, no pudieron. De hecho cambiaron de curso radicalmente.

    Si lo que venden u ofrecen es tan bueno, deberían poderlo ofrecer y vender en el mercado, y si alguien quiere ese maravilloso “bien cultural o social” que ofrecen, una televisión pública o dos, habría demanda privada para ello. Pero la verdad es que son proyectos que sólo pueden vivir del presupuesto.

    • Gracias de nuevo, LG Darley.
      Lo preocupante es que ante la bicoca pública se abandone tan fácilmente las convicciones, como es el caso que comento. Y al final, la ausencia de liberales consecuentes lleva a los extremos que dices y en los que andamos inmersos.

      Saludos.

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