Plaza Albert Camus

Palma de Mallorca. Plaza Albert Camus. El transeúnte de ese lugar tiene motivos para recordar al autor de El hombre rebelde, pero más que por el nombre, porque la disposición del entorno le permitirá imaginar qué ironías no hubiera escrito el argelino de haberse interesado por la faceta urbanística y arquitectónica del poder -insuflado de teorías, pretensiones y resortes- que sólo su agudo sentido de la desmitificación podía desvelar. Tampoco podrá evitar establecer paralelismos entre la legión de pseudointelectuales que le despreció –Sartre al frente- y los voceros actuales del populismo, que siguen haciendo lo mismo en las clases que imparten: en aquella época ignoraban deliberadamente las vergüenzas y crímenes del comunismo, y hoy se hace lo mismo con los oradores de opereta caribeñobolivarianos. La soledad es el precio de anteponer la ecuanimidad a los embates del sectarismo.
Si nuestro transeúnte mira a su izquierda, verá una estructura férrea que hace pensar más bien en los restos de un accidente áereo que en un Palacio de Congresos en obras. Nadie ignora ya que el montante de dinero público invertido es un abuso a costa del contribuyente, ni que el desinterés y abandono de la iniciativa privada que alentó inicialmente su gestación, indicaba que era el momento de paralizarla, más aún, todo apunta a que el simple mantenimiento del edificio una vez acabado, nos empobrecerá eternamente. Pero todo esto ya se ha dicho. Lo interesante es llegar al fondo de la cuestión, y que nadie se atreve a reconocer abiertamente: la desestacionalización del turismo –coartada con la que se sigue justificando la trama- es un mito irrealizable. La prueba es que hemos oído hablar de ella desde la infancia, sin que nada ni nadie haya podido ir más allá de atraer puntualmente a algún grupo muy reducido de turistas en invierno, lo que en ningún caso basta para mantener activa una industria tan voluminosa.

Vista del Palacio de Congresos desde la Plaza Albert Camus.

Vista del Palacio de Congresos desde la Plaza Albert Camus.

Si nuestro paseante mira a su derecha, cundirá la sorpresa. Un paquebote excesivo que no encaja en el lugar – ni al parecer de muchos, en toda la ciudad- le hará sospechar que un huracán lo arrancó de los muelles para vararlo a poca distancia del mar. Se equivoca. Es un edificio abandonado y en deterioro, ciertamente, pero fue protegido oportunamente por la cúpula de la extinta UM –actualmente en la cárcel- cuando le convino maniobrar en contra de quien legalmente había comprado el solar con el acuerdo de que el vendedor (GESA) lo demolería, y así construir a posteriori. Era una simple venganza por haber recurrido el asunto de Ca’n Domenge, que la cúpula mafiosa había convertido en otro escándalo. El Tribunal Supremo acaba de resolver el asunto: se debe compensar al comprador con 85 millones de euros. Es sólo el principio, porque sobre el paquebote ruinoso quedan pendientes 22 contenciosos más…

Vista del edificio de Gesa desde la Plaza Albert Camus.

Vista del edificio de Gesa desde la Plaza Albert Camus.

 

A nuestro paseante le queda mirar al frente, al mar, en dirección a la costa argelina, que queda a unos 300 kilómetros. Inevitablemente imaginará que Camus hubiera podido añadir a su libro algún capítulo sobre los resortes del ogro filantrópico que, con excusas proféticas sobre el devenir de la economía, arruina el espacio público al tiempo que vacía los bolsillos del ciudadano. Ciertamente, la economía no era lo que más le interesaba, y lo de hoy en día es más ligero que las duras dictaduras de su época, pero cabe dudar sobre el tamaño del atropello económico, y si eso exige otras formas sutiles de rebeldía.

Vista de la Bahía de Palma desde la Plaza Albert Camus.

Vista de la Bahía de Palma desde la Plaza Albert Camus.

 

 

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3 Responses to Plaza Albert Camus

  1. jmfrancois@retailaudit.com says:

    Muy bueno, Arturo!

    Saludos, Jean-Marc

  2. Si no me equivoco, no hay ninguna estatua de Camus en esta plaza palmesana, ¿verdad? No lo digo para dar ideas en las que fundir más dinero público, pero no estaría mal estar a la sombra de la efigie del gran escritor (romperé una lanza en favor de Sartre: era un sectario y un miserable, pero un filósofo apreciable).

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