Quemados por el sol

Colaborar en el cinefórum que dirige Juan Antonio Horrach, que ha llegado este año a su punto culminante –por tener en su haber ni más ni menos que un estreno nacional ante el público con Gente que vive fuera– es para mí una gran satisfacción.
Quemados por el sol es casi un testamento cinematográfico. Fue premiada en 1994 y en 1995, pero paradójicamente y desde entonces, el director ruso ha estado muy lejos de repetir sus grandes éxitos como Ojos negros, o la película que hoy comento.
Las circunstancias invitan a ver de nuevo Quemados por el sol. Nadie duda de que una de las dos utopías del siglo XX, el fascismo, fue y conduce al desastre. Pero sigue sorprendiéndome que todavía haya voces que no hablan en los mismos términos de la otra, el comunismo. No hay hoy en día excusas para tal error, porque los hechos, los datos y los testimonios históricos están al alcance de quien quiera conocerlos. De hecho, lo que me hizo escoger esta película fueron las declaraciones del líder del partido que está en boca de todo el mundo, al decir –cuando no escondía sus filias tras cortinas de humo para no perder apoyos- que él era partidario de un leninismo amable. Signifique eso lo que signifique, ver películas en las que el leninismo en acción culmina en el estalinismo –los métodos y las ideas son las mismas- me parece muy educativo, tanto como leer Rebelión en la granja, sobre todo cuando uno es políticamente pueril.
Califico Quemados por el sol como película pre-orwelliana. Es reveladora, desenmascaradora de principio a fin, y no tanto por tratar hechos históricos, que también, sino porque bucea en las claves previas que subyacen a las prácticas totalitarias con las que termina, imposibles sin tremendos resentimientos previos. A lo primero dedica Orwell su literatura, en plena soledad mientras millones de intelectuales, ignorantes y manipuladores, mantenían el mito del paraíso comunista. Quemados por el sol se situaría en la parte previa a la tragedia, con un final sobrecogedor. El punto de inflexión en la película es la llegada de Mitya –Dimitri- que aun presentándose como miembro de la familia, irá dando señales de que algo turbio está tramando.
Aparte del contenido, hay elementos cinematográficos que destacar. El primero es un elemento simbólico -el sol-, en forma de bolas de fuego, una metáfora visual que me parece muy lograda. Otro es un elemento felliniano –el camionero perdido- con un final inesperado. Además de los elementos del paisaje ruso: la dacha integrada en el bosque, el río…

 

Propongo dos caminos principales para comentar Quemados por el sol. Uno es el histórico, y el otro va más bien por la vía intimista o psicológica. La opción histórica nos lleva inevitablemente a las purgas de Stalin. La película narra el caso de Kotov, que tuvo lugar en 1936. Los años siguientes fueron los peores: se calcula que sólo en 1937 y 1938, se fusiló o envió a los campos de concentración del Gulag a entre 1,5 y 2 millones de personas por año. No es mi intención hacer un análisis histórico exhaustivo, lo que sí me parece interesante es el testimonio de un gran personaje de la época –Arthur Koestler- que en sus Memorias explica el proceso por el que fue descubriendo la verdad de lo que ocurría en la URSS, motivo por el que dejó su militancia, a pesar de haber trabajado activamente haciendo propaganda comunista en la Internacional Comunista. Cabe esperar que acusados como Kotov se defendieran negando que fueran agentes infiltrados del capitalismo internacional o del fascismo. Sin embargo, lo que añadía a los juicios un punto de incomprensión para el mundo entero, es que muchos acusados acabaron autoinculpándose. Koestler afirma que para quien entienda la mentalidad del comunista convencido, estos hechos no entrañan secreto alguno. Explica que los acusados de traición y fascismo son de muy diversos tipos: había analfabetos que no sabían leer lo que firman cuando se autoinculpan, otros confiesan sus delitos por proteger a su familia y tras haber sufrido torturas. Pero otros –los más interesantes- que tienen a sus espaldas 30 y 40 años de actividad revolucionaria, que habían estado en la cárcel durante el zarismo, que se habían jugado el tipo una y otra vez en defensa de la revolución, que durante años son considerados héroes populares como Kotov, también se declaran culpables. ¿Cómo era eso posible? Koestler explica que no hay secreto alguno: estaban convencidos de que estaban haciendo un último servicio en favor de la revolución. Un caso espectacular es el de los líderes Mrajkovski y Smirnov, que tras una vida de actividad revolucionaria desde 1905, y negándose inicialmente a confesar delitos que no habían cometido, acaban haciéndolo porque su interrogador les hace ver que ante el descontento del pueblo ruso, y para frenar que surgieran corrientes opositoras en su seno, el gobierno necesitaba de confesiones de supuestos opositores y de castigos ejemplares para paralizar el descontento mediante el miedo. En el fondo, el acusador les propone que el régimen necesita identificar enemigos interiores para cohesionar al pueblo. Este es uno de los casos que cuenta el general jefe del contraespionaje soviético Krivitski, en el libro Fui un agente de Stalin, que en 1937 deserta, y tras dos intentos de asesinato, aparece muerto en Washington, supuestamente por suicidio. Previamente había dicho a su familia, que si alguna vez se anunciara su suicidio, podían estar seguros de que sería un asesinato, porque jamás se le pasó por la cabeza cometerlo. Cuenta Krivitski que Stalin tenía especial empeño en que los juicios no empezaran hasta que Mrajkovski y Smirnov estuvieran por la labor de confesar, pues cuanto más populares y más queridos por el pueblo fueran los acusados, mayor impacto tendría su ejecución. El mismo Bujarin –otro de los grandes líderes purgados- llegó a afirmar “yo soy subjetivamente inocente, pero objetivamente culpable”. El caso es que no tenías por qué haber hecho nada para ser fusilado, ni opositor a nada, bastaba con que se te considerara culpable por quien así lo dice, y que se asumiera que uno era el mejor chivo expiatorio posible para aglutinar a la masa en favor de la revolución. Esta facilidad del totalitarismo de crear una mentira que pasa por ser verdad, en la que encajan las piezas en contra del acusado, queda muy bien reflejada en la película. Koestler observa que para la mentalidad occidental aquellas autoinculpaciones eran incomprensibles, pero que a él no se lo parecen: “el método por el que Mrajovski, Bujarin o Rubashov fueron inducidos a confesar, solo podía aplicarse a cierto tipo de antiguos bolcheviques con una lealtad absoluta al partido” (Koestler, 2011: 897).
Uno de los aspectos del desenlace que, en principio, le deja a uno perplejo, es el suicido final de Mytia. Sin embargo, Koestler explica que los interrogatorios solían tener lugar entre colegas revolucionarios que incluso se enseñaban sus cicatrices por la revolución, pero que, una vez se había ejecutado al acusado, el acusador, acababa suicidándose.

El otro aspecto de la película es el intimista, el psicológico, que he calificado como pre-orwelliano. Analicemos algunos detalles de Mytia. Descubrimos que es un ruso blanco que ha perdido la guerra. Que ha sobrevivido como ha podido, incluso delatando a destacados rusos blancos que posteriormente fueron fusilados. Sin embargo, ha medrado en la policía política o NKVD. Era el prometido de Marusia, que se ha casado con Kotov, admirado líder de la revolución. Tiene un mayordomo que habla mejor en francés que en ruso. Recordemos que la aristocracia rusa educaba en francés a sus vástagos. En un diálogo significativo de la película, le dice a Marusia que “excepto que me habéis suprimido, la vida de la familia no ha cambiado nada”. Cuando Kotov ya sabe a qué ha venido, le pregunta si ha venido por su cuenta o se lo han ordenado; queda claro que le mueve el resentimiento por lo que ha perdido. La escena final de saludo a la imagen de Stalin es la de un saludo forzado, grotesco, no es natural… ¿Es Mitya un comunista convencido? No lo parece en ningún momento, incluso más bien parece un cínico que se aprovecha de su poder. No, Mytia es un resentido que busca venganza en contra precisamente de la que fue y hubiera podido ser su familia.
Pese a todos los componentes ideológicos, económicos y sociales que hay tras una revolución, el resentimiento en el ámbito personal o emocional debe estar presente. Quemados por el sol es también una película sobre la venganza. Es evidente que Marusia no puede tener dos maridos, y que la venganza de Mitya tiene un trasfondo puramente personal. Que se haya casado con Kotov, impide que se case con Mitya. Un ejemplo de suma cero. Lo que uno gana, lo pierdo el otro. Como pueda haberla en un partido de fútbol o en una pelea de boxeo. Pero la visión de que lo que uno tiene, se debe a que se lo ha quitado a otros está presente en las revoluciones, especialmente en la revolución rusa, y es extrapolada a todos los campos. El resultado es un resentimiento social tremendo. Por ejemplo, si alguien tiene dos casas, y otro no tiene ninguna, aplicando la falacia de la suma cero, se concluye que el primero le ha quitado una al segundo. Lenin aplicaba este rasero para todo el que destacara en algo, que quedaba clasificado como burgués. Y en consecuencia, se le trataba como a un usurpador que ha quitado algo a los demás, con lo que se le expropiaba, asesinaba o deportaba en nombre de la justicia social. Había que quitárselo todo para compensar el daño que había hecho. Es el mismo razonamiento de Hitler con los judíos: sus riquezas y propiedades provenían de habérselas arrebatado a la clase obrera alemana.
Lo que me parece preocupante es que, a poco que agudicemos el oído, este discurso está presente de forma creciente hoy en día, y el ejemplo anterior sobre las casas no es un invento cualquiera: hay quien lo denomina como violencia estructural de la sociedad. Con lo que a continuación se justifica el asalto a la propiedad ajena, puesto que el que roba responde defensivamente, en el fondo, a una agresión. Es un peligro, y también un problema clásico desde la Revolución Francesa, que se entienda un valor como la igualdad de tal forma, que sea incompatible con otro, la libertad. Este es el discurso que exacerbadamente llega de Venezuela. No en vano, el partidario del leninismo amable acaba de votar en contra de que la Eurocámara exija a Maduro la liberación de los opositores encarcelados.

 

REFERENCIAS

Koestler, A., Memorias, Editorial Lumen, Madrid 2011.

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3 Responses to Quemados por el sol

  1. Javier Navarro says:

    Además de las similitudes de las purgas aoviéticas con algunos tics inquietantes de los amigos de la gente y el pueblo, hay otro elemento coincidente: el culto a la personalidad. En la película la figura de Stalin está muy presente (es el camarada y padre espiritual del proletariado) y la cuestión del líder no es baladí entre los amigos del leninismo amable, los únicos que se presentaron a las elecciones europeas con el perfil de su líder como logo en las papeletas.

  2. Gran análisis, Arturo, como siempre. He encontrado también el link de la película en ruso: https://www.youtube.com/watch?v=gluS3OA9dOc

  3. Gracias, amigos. Tendré que empezar a practicar el ruso, Johannes.

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