Sobre “La perversión pedagógica de la inmersión lingüística”

 “La perversión pedagógica de la inmersión lingüística“, Editorial Sloper (10€).

A pesar de que abundan las publicaciones sobre la problemática lingüística de la educación en Baleares, destaca -y hacía falta que llegara- un libro como el de Juan Jiménez Castillo. Desde el núcleo de la administración educativa, una voz especialmente autorizada por su trayectoria profesional, y pertrechada del rigor de la investigación científica y teórica, ha osado decir –y demostrar- lo que muchos se niegan a ver y otros silencian cómplicemente.

Juan Jiménez, Inspector de Educación en Baleares y Doctor en Ciencias de la Educación, expone en su segundo libro los motivos psicopedagógicos por los que la inmersión lingüística obligatoria en una lengua diferente a la materna, perjudica en especial a los niños castellanohablantes de Baleares más desfavorecidos socioeconómicamente, y a los que añaden dificultades cognitivas. Insisto: motivos psicopedagógicos. Jiménez acota el problema al área que le concierne, y devuelve así este asunto al campo del que nunca debió salir: la educación es un fenómeno demasiado importante como para deformarlo grotescamente con finalidades políticas, ideológicas e identitarias, de forma que sin entrar en esos ámbitos, el lector encontrará los argumentos y los datos por los que la imposición catalanista en la enseñanza de una sola lengua vehicular, es una aberración estrictamente educativa.

Lejos de las alucinaciones paranoides del monolitismo nacionalista –que se alimentan de una imaginaria animadversión a una lengua- Jiménez analiza, compara y evalúa las virtudes y defectos de los diferentes proyectos lingüísticos de centro que han resuelto satisfactoriamente la convivencia y aprendizaje efectivo de 2 y hasta 3 lenguas, a diferencia de quienes se han valido del mismo como coartada legal para dar rienda suelta a la pseudociencia, y a sus desvaríos totalitarios. La clave está en que queden profesionales de la docencia que mantengan el aprendizaje como principal meta educativa, en lugar de hacer desaparecer de la realidad social una lengua que además de cooficial, es la materna de más del 50 % de los niños.

El libro de Juan Jiménez es claro, incisivo, documentado y está magníficamente escrito. Y en lo personal, es un alivio sentirse menos solo,  gracias a que este hereje haya tenido la lucidez y la valentía de escribir un libro,  que resquebraja la uniformidad del mismo sermón que se ha impuesto en todos los centros e instituciones educativas públicas de Baleares.

 

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El docente indecente (II)

El docente indecente se retrata de nuevo. En el vídeo tenemos la enésima prueba, la última deposición de la ética del pedo (acertada expresión de Sánchez-Ferlosio) que practican algunos profesores: como es mío, huele bien, y si el que manipula a los estudiantes soy yo, la pestilencia es maravillosa. Es un acto más en la campaña contra la tímida intención del Govern Balear de reconocer la libertad de elección lingüística en la enseñanza. Hace unos días señalaba la impudicia con la que los poseedores de esencias y verdades incuestionables se sirven de la educación para sus fines. ¿Se puede forjar una educación de calidad con estos mimbres?

Después de tanto discurso, tanta palabrería ciudadana, tanta solidaridad arrojadiza, tanto antiliberalismo de alpargata, y tanta ética sentimentaloide, resulta dramática la desinhibición con la que el docente indecente se desacredita a sí mismo. Se autorretrata con desnudez pasmosa: no deslinda entre enseñar y adoctrinar. No distingue entre los campos personal y profesional, privado y social. Y se vale de su posición como adulto ante un público inmaduro -y todavía acrítico- para convertir en un foro político el ámbito que más aséptico a las presiones ideológicas debería ser. Pero lo peor de todo no es eso, ni que cante con los niños con expresiones groseras que ellos hablan como quieren, cosa que nadie le impide ni le reprocha, sino su libertofobia primaria, su inadaptación a la sociedad plural donde necesariamente hay diferencias de todo tipo, también lingüísticas. Le encanta la uniformidad. Y le molesta que haya quien no la comparta.

Uno, que también ha sido joven, feliz e indocumentado, recuerda que hubo épocas en las que la rebeldía de la juventud consistía básicamente en enfrentarse a los adultos. Me parece más pura esa forma de insurrección -por achacable que sea a la efervescencia de la edad- que el aquelarre de sesgada orientación política con el que se convierte la educación pública en un templo de manipulación doctrinal.

Impudicia en las aulas

Desarrolla uno mecanismos de entomólogo observando en silencio la apropiación de la educación con fines políticos. Tal es la frescura, la desinhibida desfachatez con la que se instrumentaliza a los estudiantes y los centros educativos en nombre de la última campaña de movilización nacionalista. No insistiré en que reconocer el bilingüismo es cuestión de libertades, e implica la posibilidad de escoger como lengua vehicular en las aulas cualquiera de las dos lenguas oficiales. En eso consistiría la normalización de la educación.

Ya sabemos que poco se puede lograr contra posiciones viscerales que ignoran las sentencias judiciales y los argumentos dialécticos, y que parten de la premisa de que uno es como ellos, pero al servicio de otra bandera. No, lo que observo con curiosidad es un elemento concreto que afecta a la psicología del sujeto: la falta de pudor de funcionarios que no ponen fronteras entre sus opiniones personales y su rol profesional. Como si no existiera un sutil velo que separara lo público de lo privado, que dignifica a quien lo respeta.  Puesto que no deslindan entre ambos ámbitos, se adueñan del espacio público como medio al servicio de sus opciones ideológicas.

Es poco ejemplar que docentes y directores estén tan convencidos de estar en posesión de la verdad, que no dejen exentos del debate político ciertos espacios sensibles. Mantenía Oakeshott que la educación debe ser aséptica al debate diario. Intuyo que una inmensa mayoría de padres de sentido común prefiere preservar el ámbito educativo de tendencias religiosas, políticas, éticas o ideológicas que lo intoxican con fines proselitistas. Recuperando pues el tradicional problema de las virtudes ciudadanas, mantengo que el pudor a mostrar sin límite las inclinaciones ideológicas particulares -en según qué espacios- es un punto a tener en cuenta.

La mentalitat de l’escriptor mediocre

A l’escriptor mediocre li interessa servir-se de la literatura molt més que la literatura mateixa. Practica una mena de fonamentalisme literari-lingüístic que li asseguri en exclusiva el dret a participar en concursos. Vol eliminar la competència dels altres escriptors, vol quedar-se tot sol, però no ho fa millorant la qualitat de les seves obres, sinó argumentant en clau nacionalista per què s’han de tancar les portes a altres escriptors.

L’escriptor mediocre pressiona als polítics a la recerca de  privilegis. Per això, estableix diferències qualitatives basant-se en la importància de l’eina que es faci servir. Ha confós els mitjans amb els fins, motiu pel qual rebutja el bilingüisme als concursos literaris i també a la societat. Només vol reconeixement per la literatura en una determinada llengo, la que ell tria, i vol imposar tirànicament al món literari, naturalment.

Sobre el precio de la libertad lingüística

Es imposible defender con coherencia principios y valores en los que uno no cree. En campaña electoral se recurre a todo para sumar votos, de ahí la eterna promesa del Partido Popular sobre la libre elección de lengua vehicular en la educación. Pero a la hora de la verdad, se constata si lo prometido es respaldado por convicciones, o si se trataba de vender humo.

La libertad lingüística en los centros educativos no tiene coste económico añadido alguno. La mayoría de los centros educativos –de cualquier etapa- tienen más de un grupo por curso. Bastaría con ajustar la oferta a la demanda, y permitir a los padres la elección de lengua vehicular, estableciendo así una línea en cada lengua. No habría por qué aumentar los equipos docentes ni los medios que ya existen. La libertad de elección no va en perjuicio de quienes prefieran la actual inmersión en catalán. Simplemente, introduce en las aulas la misma permeabilidad a las dos lenguas oficiales que tiene la sociedad.

La sentencia del TSJB, que invalida la inmersión obligatoria actual, debería ser suficiente para políticos timoratos, paralizados por el coste político de sus decisiones. En lugar de coste, tiene premio: el de cumplir las resoluciones judiciales. Claro que todo depende de si se tiene cultura de la libertad o se está imbuido de la cultura de la identidad.

El argumento según el cual es importante la iniciación en la lectoescritura en la lengua materna, es válido para todos los niños, incluso para los castellanohablantes. Conocidas figuras de la pedagogía, como Inger Enkvist recientemente en Palma, o Paulo Freire, la han defendido por motivos didácticos, en ningún caso políticos. Y es la mejor base para afrontar el estudio de otras lenguas. De hecho, eso es lo que defendían los nacionalistas hasta que sustituyeron el concepto de lengua materna por el de lengua propia, que impone un vínculo entre lengua y territorio en lugar del de lengua y persona. De ahí la coacción y la extorsión de la ley que les caracteriza. Por eso el PP nada en la confusión: comparte el concepto de lengua propia, lo cual se contradice con la lógica de la libertad. En UPyD, defendemos que las dos lenguas son oficiales –no propias- lo que deja a sus usuarios en plena igualdad de derechos.

Así las cosas, caben dudas de si el PP en Baleares hará lo mismo que el PP de Galicia, que incumplió su compromiso por motivos económicos. Pero ese argumento es una evasiva, ya que sólo es válido para escuelas pequeñas, en las que sólo haya un grupo por curso.

Todo esto confirma la insolvencia ideológica de los grandes partidos –PP y PSOE- incapaces de restablecer lo que entre ambos eliminaron, y sus coincidencias en cuestiones importantes.  Sólo reaccionarán en la medida en que dependan de otros para gobernar, lo que explica la progresión de otros partidos como UPyD, y permite augurar que seguiremos creciendo.

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Educación o política

José Ramón Bauzá ha declarado en muchas ocasiones su intención de mejorar la realidad educativa balear. Bien mediante la introducción de valores, como “la libertad y la calidad”, bien convirtiéndola en foco de interés institucional, con la ostentosa expresión “autopistas de la educación”, el Presidente de Baleares quiere corregir los resultados educativos, que por cierto, nos dejan a la cola de España.

 

No dudo de la buena intención de ningún partido para optimizar la educación. Otra cosa es cómo hacerlo. Y si se tiene la honradez y la objetividad como para hacer un diagnóstico real basado en los hechos. Desde que en el año 2000 se implantara definitivamente el marco LOGSE en todo el territorio nacional, que la actual LOE mantiene, los índices empezaron a empeorar. Lo muestran los datos y las pruebas homologadas internacionalmente.  Así que quien pretenda cambiar el estado de cosas, y corregir un rumbo errático, debe atreverse a romper con 21 años de vigencia de un marco legal fracasado. Ruptura –debe haberla- y valentía, para no quedar atenazado por el miedo a los costes políticos de las reformas necesarias, miedo que caracteriza a los políticos melindrosos. De ahí que sea inquietante la intención declarada de conseguir consensos con los socialistas, incapaces todavía de reconocer el fracaso de su hijo político, pues puede conducir a la inoperancia. Contentarles, cayendo en la trampa de asegurarse mutuas aprobaciones, equivaldría a anteponer la política (en el mal sentido de la palabra) a la educación. Digámoslo claramente: la continuidad que piden Antich o el mismo Ministro de Educación, Ángel Gabilondo, es lo peor que podría ocurrir. De hecho, el intento de este último, de lograr un Pacto de Estado en la materia, fracasó por partir de un triunfalismo ajeno a la realidad, que impedía un verdadero cambio. Desde entonces, tenemos un ministro condenado a la condición de figurante meramente ornamental.

 

 

Desde su fundación, UPyD ha planteado cambios mucho más incisivos que la reducción economicista en pro del aumento del gasto, y en la que tan mansamente caen los políticos mediocres, cuando anteponen la adhesión de los sindicatos a cualquier otra consideración. Nuestras propuestas son públicas para cualquiera que se interese. Es lamentable que los mismos que las rechazan en el Parlamento (PSOE y PP) pretendan adueñárselas a posteriori, como acaba de hacer Pérez Rubalcaba con una PNL de 2009, que UPyD presentó para profesionalizar el acceso a la docencia. No parece que los dos grandes estén por la labor de anteponer, como he dicho, la educación a la política. Por cierto, no sentó un buen precedente quien hace muy poco pudo anteponer la economía a la política, y se abstuvo como diputado en el Consell, en la imposición a las empresas de la lengua con la que licitar sus contratos con la administración. Se trata del nuevo Conseller de Educación, Rafael Bosch, que tendrá que demostrar que la libertad de elección de lengua vehicular no será una vez más un simple cebo para pescar votos, tal y como su partido hizo en el pasado y, más recientemente, en Galicia. Todo nuevo gobierno, merece un tiempo y un margen de confianza. Pero mientras no se pase a la acción, todo queda en el terreno de las buenas intenciones.

 

 

 

 

UPyD y la libertad lingüística